Al Rayo Vallecano le ha tocado digerir otro trago amargo en los despachos. El Consejo Superior de Deportes (CSD) ha desestimado el recurso que presentó el club madrileño para intentar aplazar su partido contra el Deportivo Alavés, un encuentro que los de la franja se vieron obligados a disputar en Butarque ante la imposibilidad de utilizar el Estadio de Vallecas.
El lío administrativo viene de lejos. Todo estalló cuando la Comunidad de Madrid mantuvo la suspensión de la concesión de Vallecas, dejando al Rayo provisionalmente sin su templo. Ante este panorama, el club pidió a LaLiga aplazar el choque contra el Alavés. La patronal dijo que no, y el Rayo, lejos de rendirse, acudió al CSD el pasado 19 de agosto. El Consejo tramitó el asunto por la vía de urgencia, pidió alegaciones a LaLiga y, tras revisar el papeleo, ha sentenciado que este asunto escapa totalmente de sus competencias. Vamos, un «aquí no es» en toda regla que deja al Rayo con cara de circunstancias.
¿Qué significa jugar en Butarque y sin tu gente?
Para los que amamos el fútbol de barro y barrio, sabemos que Vallecas no es un estadio cualquiera. Es una caldera, un jugador número doce real que empuja cuando las piernas pesan. Tener que mudarse a Butarque, el feudo del Leganés, para jugar un partido como local es como celebrar tu cumpleaños en el salón del vecino: estás incómodo, no encuentras las cosas y la atmósfera nunca va a ser la tuya.
A nivel deportivo, perder el factor campo es un hachazo. El Alavés se encontró con un escenario mucho más amable de lo que suele ser el infierno vallecano. Para mí, obligar a un equipo a competir en estas condiciones desvirtúa un poco la esencia de la liga. Pero las normas de los despachos suelen ser frías y poco dadas al romanticismo. Al final, el CSD se ha lavado las manos amparándose en la burocracia, y al Rayo no le queda otra que lamerse las heridas y asumir que las batallas fuera del césped las tiene casi todas perdidas.
El cisma social y el desgaste institucional
Este revés judicial no es un hecho aislado, sino una gota más en un vaso que lleva tiempo a punto de desbordarse. La relación entre la directiva, encabezada por Raúl Martín Presa, y la masa social del club está más que rota. No hay más que ver las constantes protestas de las peñas y el ambiente de tensión que se respira alrededor de la gestión del estadio y del club.
Incluso dentro del vestuario se nota el desgaste. Cuando los propios futbolistas tienen que salir a dar la cara y admitir públicamente que la situación interna es difícil de llevar y que apoyan a su afición, sabes que el problema es serio. Jugar al fútbol con la cabeza puesta en si el próximo fin de semana tendrás estadio o si te tocará volver a hacer las maletas para jugar en el sur de Madrid es una losa mental tremenda para la plantilla.
Mirando al futuro inmediato
Con la vía del CSD completamente agotada, al Rayo solo le queda centrarse en lo que de verdad puede controlar: el balón. La resolución deja claro que las quejas en los despachos no van a solucionar los problemas logísticos de un club que necesita estabilidad institucional urgentemente para no acabar sufriendo en lo deportivo.
A partir de ahora, la prioridad absoluta de la directiva debe ser solucionar el conflicto con la Comunidad de Madrid para recuperar la normalidad en Vallecas lo antes posible. Mientras tanto, el equipo tendrá que hacerse fuerte en la adversidad y demostrar que la franja se defiende con orgullo, jueguen donde jueguen.

















