El Ramón Sánchez-Pizjuán abre sus puertas este viernes a las 21:00 para un clásico de nuestro fútbol que pilla a los dos equipos en planetas totalmente distintos. El Sevilla, instalado en una euforia bastante bien controlada por Luis García Plaza, busca seguir llenando la despensa de puntos ante un Valencia que llega colista, herido de muerte y con su entrenador, Carlos Corberán, jugándose el puesto a una sola carta.
La cosa está así: los de Nervión han sumado 7 puntos de 12 posibles. Y ojo, que pudieron ser 9 si el Espanyol no les llega a empatar en el minuto 98 de la pasada jornada. Aun así, el ambiente en Sevilla es de ilusión pura, alimentada por la aportación de los nuevos fichajes como Stassin, que debutó con gol, y Fofana. En la otra acera, el Valencia es un drama. Vienen de encajar un doloroso 0-5 ante el Barça en Mestalla y viajan con el agua al cuello, sabiendo que una derrota puede precipitar la destitución de su técnico.
¿Qué significa este partido para Luis García Plaza?
Yo esto lo veo claro: Luis García Plaza sabe latín. Es un viejo zorro de los banquillos y lo primero que ha hecho esta semana es poner los pies en el suelo a todo el mundo. «Es un grande», ha dicho sobre el Valencia para rebajar la euforia generalizada. Y hace bien. En el fútbol, cuando te crees que vas a pasar por encima de un rival herido, te acabas llevando un bofetón de realidad. El técnico madrileño quiere mantener la cabeza fría porque sabe que estos partidos trampa los carga el diablo.
Para el Sevilla, este encuentro es la oportunidad de oro para consolidarse en la zona noble. No lo tendrá fácil para armar el once, eso sí. Sangante, que vio la roja en el RCDE Stadium, no solo está sancionado sino que además se ha lesionado el tobillo. A eso le sumamos que el suizo Rubén Vargas sigue con molestias en la rodilla. Bajas importantes, sí, pero la plantilla tiene fondo de armario y la afición tiene ganas de ver más minutos de las nuevas incorporaciones.
El drama de un Valencia en la UVI
Lo del Valencia es para echarse a temblar. No es solo que lleguen colistas y con las malas sensaciones del 0-5 ante el Barça todavía en el cuerpo. Es que la enfermería parece un hospital de campaña en plena batalla. Corberán se juega la cabeza en Sevilla y lo tiene que hacer sin piezas clave: Diakhaby, Sadiq, Foulquier, Guido Rodríguez y Rioja están fuera de combate. Casi nada.
Con este panorama, el técnico tiene que hacer encaje de bolillos. Todo apunta a que Dimitrievski estará bajo palos, con Gayà intentando tirar de galones en defensa y Pepelu multiplicándose en el centro del campo junto a Javi Guerra. Arriba, Danjuma tendrá que buscarse la vida casi en solitario. Si el Valencia no consigue cerrar el grifo atrás y competir cada balón como si fuera el último, el Sánchez-Pizjuán puede convertirse en un auténtico calvario para ellos.
Las pizarras que veremos en Nervión
A nivel táctico, el partido promete ser un choque de necesidades. El Sevilla saldrá probablemente con Vlachodimos en portería, escoltado por Castrín y Kike Salas en el eje de la zaga, con Juan Iglesias y Suazo en los laterales. En el medio, la pareja Agoumé-Guridi tiene que ser el motor que mueva a un equipo que buscará hacer daño por fuera con Félix Correia y Miguel Sierra, dejando a Peque de enganche y al joven Robbie Ure en punta. Es un once con dinamismo, hambre y que quiere mandar desde el primer minuto.
El Valencia, por su parte, se va a abrigar bien. Con Arnau y Tárrega en defensa junto a Jesús Vázquez, la clave estará en ver si Ugrinic y Sato pueden darle algo de oxígeno al equipo cuando logren recuperar la pelota para conectar con Elliot y Danjuma. No espero un Valencia alegre; espero un bloque bajo, solidario y que intente aprovechar alguna contra o el balón parado para rascar algo positivo de un estadio que va a apretar de lo lindo.
El balón echará a rodar a las 21:00 bajo la dirección del colegiado balear Mateo Busquets. Habrá que estar muy atentos a los primeros minutos: si el Sevilla golpea pronto, la herida del Valencia puede abrirse del todo; si los de Corberán aguantan el chaparrón inicial, los nervios pueden cambiar de bando. Nos vamos a divertir.

















