El Girona se llevó los tres puntos ante el Albacete en Montilivi (2-0) gracias a una efectividad brutal y a un Gazzaniga imperial. Los de Quique, que no dominaron el juego pero sí las áreas, castigaron a un rival directo que perdonó demasiado y sigue hundido en la zona baja de la tabla.
El partido se resolvió en la primera mitad, donde la pegada gironina marcó la diferencia. Abel Ruiz abrió la lata en el minuto 6 tras cazar un balón prolongado por Boñar, y justo antes del descanso, en el 43, Donny van de Beek se estrenó como goleador con un latigazo que tocó el larguero antes de besar la red. Entre medias y durante toda la segunda parte, el Albacete apretó de lo lindo. Los manchegos tuvieron un gol anulado a Álex Rubio por fuera de juego, un poste de Sergio Ortuño —que acabó expulsado en el descuento— y se toparon una y otra vez con las manos de Paulo Gazzaniga. Como decía Mario Soberón al acabar: «Con nada nos hacen gol». Y es que la pegada en el fútbol se paga cara.
La ley de las áreas y el factor Gazzaniga
A ver, si miramos las estadísticas frías, el Albacete disparó hasta 20 veces frente a los 18 intentos locales. Cualquiera que no viera el partido pensará que el Girona pasó el rodillo, pero la realidad en el césped fue muy distinta. Los de Quique sufrieron muchísimo para sacar la pelota jugada desde atrás. El Albacete presionó arriba, mordió y recuperó balones en zonas muy peligrosas. El argentino sufrió con los pies, pero bajo palos fue determinante.
Ahí es donde emergió la figura de Paulo Gazzaniga. El portero, que a veces nos pone el corazón en un puño en la salida de balón, estuvo sencillamente colosal. Le sacó una mano espectacular arriba a Soberón nada más arrancar la segunda mitad y desvió otro mano a mano clave a Corpas. Si el Albacete se marchó de vacío, fue porque el guardameta decidió echar el cerrojo.
Esta victoria deja al Girona en una posición envidiable: terceros provisionales con 13 puntos tras sumar su cuarto triunfo en cinco jornadas. Lo mejor para ellos es que están aprendiendo a ganar esos partidos grises en los que no fluye el juego de posición. «Nos está faltando dominar los partidos», reconocía el propio Abel Ruiz tras el pitido final. Autocrítica de la buena, porque saben que jugando así, el próximo examen ante el Mallorca será bastante más complicado.
El renacer de Van de Beek y la gran noche de Portu
Más allá de los tres puntos, Montilivi vivió momentos de esos que te reconcilian con el fútbol. El primero, el gol de Donny van de Beek. El neerlandés, que cumple su tercera temporada en el club buscando esa regularidad que las lesiones le han robado, firmó un golazo de bandera tras una transición rápida conducida por Carles Pérez. Control, media vuelta y para dentro. Verle sonreír y celebrar de nuevo es una gran noticia para el esquema del equipo.
Pero si hubo un momento que puso la piel de gallina a los 10.048 aficionados que llenaron las gradas, fue el regreso de Portu. Casi un año después de su grave lesión, el murciano saltó al campo en el minuto 83 y la ovación fue atronadora. El fútbol le debía una noche así. De hecho, casi la lía en su primera jugada con un disparo raso que lamió el poste.
La cruz de la moneda la vive el Albacete. El cuadro manchego se hunde en el pozo de la clasificación, pagando una falta de pegada alarmante y una pizca de mala fortuna que acabó por desesperarles, culminando con la expulsión de Ortuño por doble amarilla en el añadido. No les sale nada, pero el fútbol suele ser racheado.
El Girona sigue escalando a base de pegada y oficio defensivo, mientras que el Albacete tendrá que lamerse las heridas rápido si quiere salir del pozo. Toca ajustar piezas, porque esto no para.




















