Hugo Guillamón ya está de vuelta en el Sporting de Gijón y no ha tardado en poner el dedo en la llaga. Tras superar una complicada lesión que lo tuvo mes y medio en el dique seco, el centrocampista ha analizado la plaga de bajas que sufre la plantilla, vinculándola directamente a la adaptación a los exigentes métodos de entrenamiento del nuevo cuerpo técnico.
El futbolista compareció ante los medios en Mareo con la tranquilidad de quien ya ve la luz al final del túnel. Guillamón, que cayó lesionado en su debut liguero en El Molinón, restó dramatismo a la situación física del vestuario. «Tampoco lo veo como algo malo a largo plazo, porque si hay lesiones es porque estamos trabajando», afirmó con una naturalidad pasmosa. Para el centrocampista, este bache de lesiones musculares es el peaje lógico de amoldarse a unos «métodos de entrenamiento diferentes» bajo las órdenes del técnico argentino Nicolás Larcamón, un proceso de transición que, según sus palabras, se va a solucionar pronto.
¿Qué significa esto para el Sporting de Larcamón?
Yo esto lo veo claro: cuando un equipo cambia de libreto, el cuerpo de los futbolistas suele ser el primero en protestar. Pasar de una rutina de trabajo a otra más intensa o con diferentes cargas de fuerza es como cambiar de golpe tu calzado habitual para correr una maratón; las rozaduras y las molestias van a aparecer sí o sí. Larcamón exige una intensidad alta que requiere un tono físico impecable, y la plantilla lo está pagando en este arranque de curso.
La realidad es que el Sporting prepara su próximo compromiso contra el Cádiz en el Nuevo Mirandilla con la enfermería bastante concurrida. Son siete las bajas con las que lidia el cuerpo técnico. La última y dolorosa ausencia es la de Antonio Casas, lesionado en el último encuentro, a la que se suman las molestias de Álex Corredera. La buena noticia para el técnico argentino es el regreso al grupo del canterano Bruno Rubio y, por supuesto, la vuelta de un Guillamón que está llamado a ser el faro del centro del campo en cuanto recupere el ritmo de competición.
El propio Guillamón admitió que este mes y medio parado se le ha hecho eterno. No es para menos. Llegar libre este verano desde el Hajduk Split croata con el cartel de fichaje más mediático y romperse a las primeras de cambio es un golpe duro para cualquiera. Sin embargo, el mediocentro asume esa presión con gusto y tiene claro que la exigente afición asturiana sabrá recompensar el esfuerzo colectivo en cuanto las piezas terminen de encajar.
La paradoja de El Molinón y el margen de mejora
El inicio de temporada del Sporting está siendo de lo más curioso, casi digno de un estudio sociológico. El propio Guillamón lo definió como «un poco extraño» al recordar cómo el equipo se marchó aplaudido tras sufrir una derrota y, por el contrario, recibió pitos tras certificar una victoria. Cosas del fútbol moderno y de una grada que no solo quiere ganar, sino ver a su equipo mandar con autoridad sobre el césped.
A pesar de que las sensaciones generales no terminan de convencer del todo a la parroquia rojiblanca, los números dicen otra cosa. El Sporting se mantiene en la pelea por la zona alta de la tabla y acumula una buena cantidad de puntos. Como bien apunta el centrocampista, el margen de mejora de este grupo es enorme y, a poco que se ajusten un par de detalles, el equipo dará un gran paso adelante. El compromiso de la plantilla con la idea de Larcamón está fuera de toda duda; ahora solo falta que las piernas empiecen a responder al mismo ritmo que la cabeza.
Habrá que ver si este fin de semana en Cádiz el Sporting empieza a recoger los frutos de ese duro trabajo diario del que habla Guillamón. La teoría ya la tienen clara; ahora toca plasmarla sobre el césped sin que se rompa nadie más por el camino.




















