Llega un temprano cruce en la Conferencia Este entre dos proyectos que han arrancado la temporada con sensaciones completamente opuestas. Los Atlanta Hawks reciben en el State Farm Arena a unos Cleveland Cavaliers al alza, en un duelo donde ambos conjuntos afrontan el desgaste de jugar en ‘back-to-back’.
Los chicos de Atlanta llegan bastante atascados tras encadenar tres derrotas consecutivas frente a Houston, por dos veces, y los Miami Heat, dejando su balance inicial en un gris 2-3. Todo lo contrario que Cleveland: tras la fatídica noche inaugural donde dejaron escapar una ventaja de 29 puntos, los de Ohio han reaccionado con un carácter maduro sumando tres triunfos seguidos ante Brooklyn, Minnesota y Washington.
La sangría en la pintura condiciona a los Hawks
Yo esto lo veo claro: el principal agujero de Atlanta ahora mismo está donde se pelean los rebotes. Acumulan una media de 46,8 capturas concedidas a sus rivales por encuentro, y esa debilidad en el tablero propio les está pasando una factura enorme. La falta de centímetros puros en la pintura es evidente cuando la rotación de pívots se reduce a Onyeka Okongwu y Jock Landale, dos hombres interiores que no destacan precisamente por jugar grande.
Además, el cuadro de Georgia arrastra la baja de Mouhamed Gueye y está acusando la falta de un organizador nativo en el puesto de base. Esa labor la está asumiendo Jalen Johnson, obligándolo a multiplicar sus funciones en pista. Johnson viene de sufrir un auténtico calvario defensivo ante Bam Adebayo en el duelo frente a Miami, y esta noche tendrá que lidiar con la intensidad de Peyton Watson en el ala. Si los Hawks no consiguen imponer su ritmo en transición a través de la defensa perimetral con Dyson Daniels y Nickeil Alexander-Walker para contrarrestar el desgaste, el partido se les puede hacer muy largo en el juego estático.
Cleveland reacciona desde la defensa y el orden
En Cleveland la música suena con otro ritmo. La capacidad de respuesta tras el tropiezo del primer día habla muy bien del nivel competitivo del vestuario. Los Cavs se están permitiendo ciertas licencias en las primeras partes para meter una marcha más en defensa justo al salir de los vestuarios. Sufren cuando les corren al contraataque por la propia fisonomía de su quinteto, pero tienen herramientas de sobra para frenar los daños a campo abierto.
El rendimiento de Evan Mobley está siendo impecable en este arranque, actuando como ancla defensiva, conector en ataque e incluso amenazando desde el perímetro. Junto a Jarrett Allen, forman una pareja interior dispuesta a castigar la falta de centímetros de Atlanta. Por fuera, James Harden está sabiendo dosificar sus esfuerzos con maestría, dejando que Donovan Mitchell asuma la creación. Mitchell suma dos partidos repartiendo 7 asistencias y buscando constantemente las penetraciones, pero le falta ese típico estallido anotador de más de treinta puntos que todos sabemos que tiene en las manos.
Duelo histórico y el factor físico
A pesar de que históricamente Atlanta domina la serie particular con 134 victorias por 116 de Cleveland —un dato curioso dada la hegemonía de los Cavs en la era LeBron—, el pasado reciente muestra máxima igualdad, con un 4-3 favorable a Cleveland en los últimos dos años. Para este choque, los visitantes cuentan con las dudas de Jaylon Tyson y Meleek Thomas, además de la baja confirmada de Nae’Qwan Tomlin, pero parten con la inercia positiva a su favor.
Veremos si el banquillo de los Hawks puede estirar el campo con CJ McCollum y proteger su aro ante el despliegue físico que se les viene encima. La clave estará en si Atlanta logra imponer un choque loco a campo abierto o si Cleveland impone la ley de sus dos torres en la pintura.




















