El Deportivo de La Coruña ha sufrido un frenazo en seco al perder su condición de invicto tras caer derrotado por 0-1 ante el Sevilla. Al equipo dirigido por Antonio Hidalgo se le notaron demasiado las costuras físicas en un encuentro donde la falta de frescura, tanto en las tareas defensivas como en la generación de juego ofensivo, acabó decantando la balanza a favor del conjunto hispalense.
Tras el pitido final, Hidalgo no anduvo con rodeos y ofreció una rueda de prensa muy sincera, alejada de los típicos tópicos de vestuario. El técnico deportivista reconoció las enormes dificultades que tuvo para diseñar una alineación con plenas garantías debido al calendario. «Hemos estado incómodos, te penaliza cualquier error, teníamos problemas de descanso y jugadores muy justos», admitió con total franqueza. Para colmo, su gran apuesta táctica de la jornada, situar de inicio a Yeremay —que además estrenaba titularidad y capitanía— junto a Angeliño en la banda izquierda, no dio los frutos esperados. Ambos futbolistas se mostraron muy irregulares y desconectados frente a un Sevilla que el propio Hidalgo no dudó en elogiar, definiéndolo como «un equipo sólido y bien trabajado».
El peaje físico de una pretemporada a medio gas
Yo esto lo veo muy claro: en el fútbol de élite, si las piernas no te acompañan, la cabeza no te da para ejecutar lo que tienes en mente. Y al Dépor se le apagaron las luces demasiado pronto frente a los andaluces. Cuando un entrenador te confiesa abiertamente que tiene serios problemas para armar un once competitivo por culpa del escaso margen de recuperación, es que la plantilla está jugando al límite de su reserva física. No es una excusa barata, es una realidad fisiológica con la que hay que lidiar semana tras semana.
El rendimiento de la banda izquierda en este partido es el reflejo perfecto de lo que ocurre cuando intentas acelerar los plazos. Juntar a Yeremay y a Angeliño en ese sector del campo era una idea muy sugerente sobre el papel, pero la teoría y la práctica no terminaron de sintonizar. Yeremay salía al césped con el subidón de portar el brazalete de capitán por primera vez desde el inicio, pero la falta de ritmo competitivo acabó pesando más que la motivación. El propio míster desveló que cuenta con varios futbolistas que llegan muy justos de fuerzas debido a que no pudieron completar la pretemporada al mismo ritmo que sus compañeros. Sin esa base de gasolina en el tanque, el talento individual se diluye ante bloques tan rocosos y disciplinados como el que plantó el Sevilla.
La pérdida de la condición de invicto siempre es un trago amargo. A nadie le gusta bajarse de la nube, y menos cometiendo errores que te cuestan tres puntos en tu propio feudo. Sin embargo, este tropiezo debe entenderse como un baño de realidad necesario. En esta categoría, cualquier despiste defensivo se paga con creces, y si encima no tienes la chispa necesaria para desbordar arriba, revertir un marcador en contra se convierte en una montaña casi imposible de escalar.
La mente puesta en el Betis y el valor de un día extra de descanso
A pesar del golpe, en el fútbol moderno no hay espacio para la melancolía. Si te quedas lamentándote por lo que pudiste hacer y no hiciste, el siguiente rival te pasa por encima sin mirar atrás. Por eso, Antonio Hidalgo ya ha ordenado pasar página de inmediato. El foco del vestuario blanquiazul está puesto única y exclusivamente en el próximo compromiso liguero, donde les espera el Real Betis.
La gran ventaja para el cuerpo técnico de cara a preparar esta próxima batalla es el factor tiempo. «Ahora hay que mirar para el siguiente partido que tenemos un día más de descanso», señaló Hidalgo con evidente alivio. Para el aficionado de a pie, veinticuatro horas de margen pueden parecer insignificantes, pero para un vestuario que viene al límite de sus capacidades físicas, ese día extra de descanso es auténtico oxígeno. Es la diferencia entre recuperar fibras musculares o arriesgarse a sufrir una plaga de lesiones por sobrecarga.
El reto para el técnico ahora consiste en resetear al grupo mentalmente y, sobre todo, evaluar quiénes están realmente en condiciones de competir al máximo nivel. El Dépor necesita recuperar esa frescura que le hizo fuerte al inicio del campeonato si quiere plantar cara a un rival tan exigente como el Betis y demostrar que lo del Sevilla solo fue un bache físico en el camino.

















