A veces el fútbol no premia al que más propone ni al que firma noventa minutos deslumbrantes, sino al que sabe golpear en el segundo preciso. Eso le pasó este domingo a la Juventus en Turín: dos zarpazos aislados le bastaron para tumbar por 2-0 a un Nápoles desquiciado que terminó desmoronándose en el tramo final.
Yo esto lo veo muy claro: cuando la pelota quema y la grada aprieta, la jerarquía individual te puede resolver un estropicio. El ambiente en los aledaños del Juventus Stadium arrancó caldeado, con pancartas de la afición en las que se leía «129 años de gloria, nuestra camiseta es historia. Devolvednos nuestra Juventus». La tensión contra el banquillo era evidente. Luciano Spalletti se reencontraba con el Nápoles —el club al que hizo campeón de Italia en la 22/23— arrastrando las dudas de un inicio de curso amargo. En el césped, el reflejo de la primera parte fue puro nervio. Apenas un aviso serio de Lucca que desvió Vicario con una estirada providencial, un remate acróbata de Cabal a la madera en un córner y una parada salvadora de Meret antes del descanso. Poco juego y mucha crispación.
Dos chispazos de juventud y la desconexión azulgrana
Tras el paso por vestuarios, la ‘Vecchia Signora’ intentó estirarse, pero el partido pedía a gritos una genialidad que rompiera el guion. Apareció en el 74′ el joven bosnio Alajbegovic, de solo 19 años. Recibió escorado en la banda izquierda, armó la pierna sin pensárselo dos veces y colocó un latigazo al palo largo que tocó en la madera antes de besar la red. Un auténtico golazo para desatascar la noche.
Si la jugada del chispazo bosnio descolocó al Nápoles, el golpe definitivo se lo asestaron ellos mismos solo cuatro minutos después. Marianucci, que ya arrastraba una tarjeta amarilla, cometió una falta clarísima que le costó la expulsión en el 78′. Con diez hombres sobre el verde y desprotegidos atrás, el conjunto azzurri bajó los brazos. Boga aprovechó el escenario en el 87′ marcándose una rosca perfecta desde fuera del área ante la que Meret no pudo hacer absolutamente nada. Fin de la historia.
Qué significa este 2-0 en la tabla
Si analizamos las consecuencias de estos noventa minutos, el triunfo alivia la quemazón en Turín, pero no resuelve todos sus males. La Juventus suma tres puntos de oro para alcanzar los 17 puntos y encaramarse a la 7ª posición de la Serie A. Por su parte, el Nápoles se queda estancado con 14 puntos en el 8º puesto.
La lectura fría de la clasificación nos deja una realidad incuestionable: a día de hoy, tanto turineses como napolitanos están fuera de las plazas que dan acceso a competiciones europeas. La distancia respecto a la Lazio, que camina como líder en solitario del torneo, sigue siendo considerable. A Spalletti le toca construir certezas a partir del resultado y no del juego, mientras que en el bando napolitano la sangría de puntos empieza a ser una alarma difícil de ignorar si quieren pelear por la zona alta.
Toca mirar con lupa las próximas jornadas. La Juve ha encontrado aire fresco en las botas de sus jóvenes, pero el margen de error para ambos transatlánticos se ha reducido al mínimo.




















