El Rayo Vallecano volvió a su casa por la puerta grande. Tras unos días duros marcados por el traspié ante el Elche y el exilio obligado, los de Beñat San José firmaron su actuación más completa del curso al golear por 3-0 a un Celta de Vigo totalmente inofensivo. Jorge de Frutos, con un doblete sensacional, y Unai López certificaron la victoria franjirroja en Vallecas.
Los 11.714 espectadores que poblaron las gradas disfrutaron de una tarde redonda de fútbol. En lo futbolístico, el plan madrileño funcionó de principio a fin, dejando la portería de Audero imbatida sin pasar apuros serios frente a los hombres de Claudio Giráldez.
Reconciliación en Vallecas a ritmo de sombreritos y golazos
Yo esto lo veo con claridad: la diferencia entre ganar y arrasar estuvo en la inspiración individual en los metros finales. El Rayo salió a morder y encontró premio rápido. Sergio Camello detectó el desmarque en diagonal de Jorge de Frutos entre central y lateral para filtrar un pase milimétrico. El extremo madrileño definió con la zurda, cruzándola al palo largo lejos del alcance de Radu, para firmar su primer tanto de la temporada.
Pero lo mejor de De Frutos estaba por llegar. La jugada del 2-0 fue pura magia del lateral Andrei Ratiu. El rumano se inventó una maniobra de trilero dentro del área, encadenando sombreritos para superar a dos defensores celestes antes de ceder el cuero. De Frutos no se lo pensó dos veces y reventó la pelota directo a la escuadra. De esas acciones que te hacen levantarte del asiento.
El broche de oro lo puso Unai López a falta de un cuarto de hora. Tras un despiste en la salida de Iago Aspas, el centrocampista recuperó el balón en la divisoria, avanzó metros con espacio por delante y se sacó un latigazo roscado desde unos 30 metros que sorprendió por completo a Radu. Un auténtico golazo para rubricar el 3-0 final.
El Celta choca contra su propia falta de puntería
Si miramos los números del partido, la radiografía es demoledora para el cuadro gallego. El Celta tuvo casi la mitad de la posesión (47%), remató 11 veces, pero acabó los 90 minutos con un casillero congelado: cero disparos a puerta. La zaga franjirroja con Lejeune al mando contuvo cualquier intento de Ferran Jutglà o Williot, haciendo que Audero tuviera una tarde insólitamente tranquila en los centros laterales.
La única pega de la tarde para Beñat San José estuvo en el apartado físico. En el minuto 62, Óscar Valentín tuvo que abandonar el terreno de juego con muestras de intenso dolor en la rodilla tras un choque fortuito con Javi Rueda, dejando la nota preocupante de la jornada a la espera de las pruebas médicas. En su lugar entró Bouaré para mantener el equilibrio en la medular.
Consecuencias de un triunfo reconstituyente
Para el Rayo Vallecano, estos tres puntos representan algo más que una simple victoria en la clasificación: suponen la reconciliación definitiva con su feudo tras una racha convulsa y la confirmación de que su ataque tiene dinamita cuando conecta a De Frutos con la gente de dentro. El Celta, por su parte, tendrá que revisar urgentemente su producción ofensiva fuera de casa si no quiere verse envuelto en problemas.
La competición no da tregua y los franjirrojos ya miran al próximo compromiso con la moral renovada y la certeza de que Vallecas vuelve a ser un fortín infranqueable.




















