Hace nada, este Real Madrid parecía un equipo en demolición abocado a otra temporada en blanco. Hoy se marcha al parón de selecciones con ocho victorias consecutivas en el bolsillo y la sensación generalizada de que ha vuelto a ser ese bloque indescifrable que te gana los partidos casi por aplastamiento competitivo.
La transformación del conjunto dirigido por José Mourinho no ha sido progresiva, sino un golpe sobre la mesa en toda regla. El punto de inflexión estuvo en Roma: los blancos caían por 3-1 y terminaron dándole la vuelta al marcador con un 3-4 que cambió la dinámica de golpe. A partir de ahí, el Madrid encadenó otra remontada agónica en Atenas y firmó dos triunfos de muchísimo peso en plazas exigentes: asaltó el Camp Nou y cerró esta racha saliendo victorioso de Mestalla. Thibaut Courtois lo resumía perfectamente antes de marcharse con su selección: «Hay que mantener este ritmo después del parón».
De estar desahuciado a dar miedo: el peso del cambio de dinámica
Yo esto lo veo claro: el fútbol es un estado de ánimo, y el Real Madrid vive de alimentarse de la duda del rival. Veníamos de dos campañas de travesía del desierto donde el equipo parecía no tener respuesta cuando venían mal dadas. La diferencia es que ahora el vestuario ha recuperado esa vieja costumbre de no dar un choque por perdido jamás, algo que desmonta tácticamente a cualquier oponente en los minutos finales.
Ganar ocho partidos seguidos justo antes del parón internacional no solo limpia las dudas sobre la continuidad del proyecto de Mourinho, sino que altera por completo la planificación de sus rivales directos. La presión cambia de bando. Pasar de la descomposición a enlazar triunfos en feudos tan complicados como Barcelona o Valencia demuestra una solidez mental que parecía olvidada por Chamartín.
El parón como examen de continuidad
La gran incógnita que nos deja este tramo del calendario es si el parón de selecciones enfriará el ambiente o servirá para consolidar lo alcanzado. Cortar una racha de ocho victorias al hilo siempre es un riesgo para el equipo que viene en plena ola favorable, ya que la desconexión de dos semanas suele pasar factura en el regreso a la competición doméstica y europea.
Sin embargo, la inercia ganadora le otorga a Mourinho un margen de trabajo y tranquilidad inaudito en comparación con el escenario de hace un mes. El objetivo prioritario a la vuelta será confirmar que lo visto en escenarios como Roma, Atenas o el Camp Nou no fue una racha pasajera, sino la verdadera identidad de un Madrid que ha vuelto a la pelea por todo.
Veremos cómo regresan los internacionales en dos semanas, pero la realidad es incontestable: el Real Madrid se ha vuelto a meter de lleno en la conversación.




















