El culebrón de Rui Pinto, el ‘hacker’ portugués que puso patas arriba los despachos del fútbol europeo con las filtraciones de ‘Football Leaks’, acaba de dar un giro inesperado. El Gobierno de Portugal ha tenido que dar marcha atrás y devolverle la protección policial tras admitir un fallo burocrático grave en su tramitación.
Os cuento los detalles porque la historia tiene tela. Resulta que el pasado 22 de septiembre la Comisión de Programas Especiales de Seguridad (CPES) decidió retirar a Pinto la condición de testigo protegido. Sin embargo, las autoridades no le notificaron debidamente la resolución ni le garantizaron el derecho a reclamar. Tras una reunión de urgencia de la ministra de Justicia, Rita Alarcão Júdice, con la comisión, el Ejecutivo portugués ha declarado nulo todo el proceso. Ahora le han entregado el informe de riesgo y el ‘hacker’ dispone de diez días hábiles para presentar sus alegaciones antes de que se tome una decisión definitiva.
De la fuga desesperada a un respiro institucional
Este volantazo cambia el escenario por completo si echamos la vista atrás solo una semana. El pasado 2 de octubre, el propio Rui Pinto publicaba un mensaje en su cuenta de X anunciando que se trasladaba a un lugar desconocido porque temía seriamente por su vida. Sentía que la retirada del paraguas policial lo dejaba vendido ante aquellos a los que había salpicado.
Yo esto lo veo bastante claro: gestionar la seguridad de un confidente de esta magnitud no es cualquier cosa. Cuando destapas los trapos sucios del fútbol de élite, los enemigos que te haces no son precisamente de poca monta. Que el Estado portugués tenga que rectificar por un defecto de forma en las notificaciones demuestra lo enredado y tenso que sigue siendo este expediente.
El hombre que hizo temblar al fútbol europeo
Para entender la dimensión del caso hay que recordar de dónde venimos. Desde que arrancó en 2015, el fenómeno ‘Football Leaks’ destapó millones de documentos confidenciales sobre contratos, traspasos e ingentes comisiones. De ahí salieron las investigaciones que han terminado acorralando al Manchester City, al que la Premier acusa de más de un centenar de infracciones económicas, además de salpicar a otros trasatlánticos como el PSG.
El historial judicial de Pinto también refleja ese tira y afloja constante con los tribunales. En 2023 fue condenado en Portugal a cuatro años de prisión en suspensión de pena por acceso ilegal y tentativa de extorsión, además de recibir otros seis meses suspendidos en Francia por acceder a los correos del PSG. Sin embargo, este mismo año 2026 la justicia portuguesa lo absolvió en otro proceso masivo en el que se enfrentaba a 241 delitos.
Ahora se abre un plazo clave de dos semanas. Rui Pinto tiene en sus manos la documentación de riesgo para argumentar por qué debe seguir escoltado. Habrá que estar muy atentos a la resolución de la comisión, porque la seguridad del hombre que tiró de la manta en el fútbol moderno vuelve a estar en juego.




















