Dos derrotas seguidas escuecen en cualquier lado, pero en Can Barça el aire se vuelve denso muy rápido. Tras caer ante el PSG en la Champions League y ceder El Clásico frente al Real Madrid en el Spotify Camp Nou, Anthony Gordon ha salido a dar la cara en rueda de prensa junto a Hansi Flick antes de recibir al Aston Villa de Unai Emery.
El atacante británico, que afronta sus primeros meses en la Ciudad Condal tras tres meses de adaptación, no ha buscado excusas baratas pero sí ha querido matizar el bache. «Llegamos más cansados al partido ante el PSG que ellos y ante el Madrid creo que fuimos mejores, tuvimos más oportunidades», explicó Gordon ante los medios. Una visión honesta de quien intenta asentarse en un vestuario exigente mientras descifra aún el juego de sus compañeros: «Todavía me estoy acostumbrando a la cultura, al equipo… saber qué tipo de pase me van a hacer para correr de una forma u otra».
Dos tropiezos que exigen una reacción inmediata
Yo esto lo veo claro: los grandes equipos no se miden por cómo celebran cuando vienen mal dadas, sino por la rapidez con la que barren las dudas. Perder en París entra dentro de la lógica del torneo continental si las fuerzas flojean, pero el tropiezo ante el eterno rival en casa ha dejado una espinita clavada. El propio Gordon lo admitió sin rodeos al señalar que ante los blancos falló la contundencia: «Nos marcaron dos goles con jugadores de talento».
El vestuario necesita resituarse y el calendario no da tregua. Recibir al Aston Villa en el Spotify Camp Nou exige una respuesta futbolística inmediata. Flick aprieta desde la banda y los futbolistas saben que la credibilidad europea pasa por hacerse fuertes de nuevo ante su gente. El margen de error tras dos tropiezos consecutivos se ha reducido a la mínima expresión.
El encaje de Gordon y la integración en el vestuario
Ajustarse al ecosistema azulgrana lleva su tiempo, y más cuando cruzas el charco o cambias de liga. Gordon confesó apoyarse en figuras como Eric García para acelerar el proceso por un tema de idioma, aunque recalcó la buena acogida de todo el grupo. En la cancha, su reto pasa por transformar esa buena sintonía en números y desborde que desatasquen partidos trabados.
El público del Camp Nou suele ser paciente con quien demuestra entrega, y el británico parece haber entendido la exigencia del escudo. Asumir la responsabilidad de las derrotas públicamente es el primer paso; traducir ese compromiso en goles y rendimiento sobre el césped contra el cuadro de Unai Emery será la verdadera prueba de fuego.
Toca comprobar si las palabras de Gordon y la pizarra de Flick surten efecto de inmediato. La Champions no espera a nadie y el Camp Nou aguarda una noche de redención.




















