El Girona visita este sábado al Cádiz en el Nuevo Mirandilla con un objetivo muy claro: lamerse las heridas de la derrota ante el Castellón y recuperar las buenas sensaciones a domicilio. El equipo de Quique Álvarez, que suma siete puntos en cinco jornadas, busca pescar en río revuelto ante un rival que todavía no conoce la victoria.
A mí me gusta llamar a estos partidos «de colmillo retorcido». Los catalanes llegan tras encajar un tropiezo inesperado en Montilivi, pero la situación en el bando amarillo es todavía más tensa. El Cádiz de Albert Celades está metido en puestos de descenso con solo tres puntos de quince posibles. El propio técnico local ya ha admitido públicamente que les está costando un mundo generar ocasiones de gol, aunque espera ver ante su gente a un grupo «valiente y decidido» frente a un Girona al que define, con toda la razón del mundo, como un equipo de «mucho nivel». No le falta razón, pero en esta categoría nadie regala caramelos a la puerta de un colegio.
El peligro de un rival herido en el Nuevo Mirandilla
Quique Álvarez ya ha dejado la advertencia bien clara en el vestuario: la clasificación actual es una trampa mortal. Sí, el Cádiz está abajo en la tabla, pero precisamente por eso es un animal herido y sumamente peligroso. Jugar en el Nuevo Mirandilla nunca es un paseo militar, y menos cuando la afición local empieza a impacientarse tras un inicio de temporada con tres empates y dos derrotas en cinco partidos. La presión en la Tacita de Plata se corta con cuchillo y ellos saldrán a morder desde el primer minuto para estrenar su casillero de victorias.
Para el Girona, este partido es un auténtico examen de madurez. Tras haber sumado seis de los últimos nueve puntos antes del tropiezo contra el Castellón, volver a la senda del triunfo fuera de casa —como ya hicieron en El Molinón imponiéndose al Sporting— consolidaría el proyecto en la zona noble de la clasificación. Yo siempre digo que los equipos que aspiran a cosas grandes se definen por cómo reaccionan al primer guantazo. El Castellón les dio uno bueno, y ahora toca demostrar que la mandíbula de este Girona es de granito.
Un rompecabezas en ataque y la gran noticia de Portu
Ahora bien, el plan de Quique para asaltar Cádiz viene con curvas y bastantes dolores de cabeza en la pizarra. La enfermería de Montilivi está más concurrida de lo que a cualquier entrenador le gustaría. En ataque, la baja de Bryan Gil por su lesión muscular en el isquiotibial nos deja sin ese desborde eléctrico que tanto nos divierte. A él se unen Jastin, que sigue recuperándose de su rotura en el cuádriceps, y Unai Hernández, que todavía no está disponible para entrar en los planes del míster.
Por si fuera poco, Abel Ruiz tendrá que ver el partido desde la grada por la sanción que arrastra tras su expulsión en la pasada jornada, y Mateu Jaume se cayó de la lista a última hora por unas inoportunas molestias en el último entrenamiento. Con este panorama, el once que probablemente veamos sobre el césped, con hombres como Carles Pérez, Izan, Asprilla y Vanat en punta, tendrá que multiplicarse para compensar la falta de efectivos y encontrar el camino del gol.
Pero no todo son nubarrones en el horizonte gerundense. Hay una noticia de esas que te alegran el día a poco que te guste este deporte: Portu vuelve a una convocatoria. Tras muchos meses de un calvario de recuperación y varias semanas integrándose poco a poco con el grupo, el murciano está listo para vestirse de corto. No creo que salga de inicio, pero tener su garra, su veteranía y su carisma en el banquillo es un chute de adrenalina tremendo para sus compañeros.
El espejo del último precedente
Si echamos la vista atrás, el último precedente en tierras gaditanas invita al optimismo, ya que el Girona logró llevarse los tres puntos en su última visita. Claro que el contexto actual es completamente distinto, pero la necesidad de dar un golpe sobre la mesa sigue siendo idéntica. Para frenar el empuje local, Quique Álvarez volverá a confiar en la solidez de Junior en el centro de la zaga, un chaval que se está consagrando como la auténtica revelación defensiva del equipo en este arranque liguero y que tendrá la difícil tarea de secar a la delantera cadista.
El partido promete ser una batalla táctica de manual, bajo la dirección del colegiado Manuel Pérez en el césped e Iván Caparrós en la sala de pantallas del VAR. Veremos si el Girona es capaz de imponer su ley y recuperar el paso o si el Cádiz encuentra su punto de inflexión a costa de los catalanes. Toca abrocharse los juzgados a partir de las 21:00 horas.




















