Hay lances en el fútbol que parecen sacados de una comedia de enredos, pero cuando te toca recibirlos en propia carne, la gracia brilla por su ausencia. Eso mismo debió de pensar Denis Suárez en Mendizorroza cuando, en pleno tramo decisivo del duelo entre el Alavés y el Málaga, un choque totalmente fortuito con el colegiado Carlos Muñiz acabó con el centrocampista sangrando en la banda y con una indignación monumental en la parroquia babazorra.
Corría el minuto 83 de juego cuando se produjo la jugada rocambolesca. En una acción desarrollada en campo del Alavés, el colegiado del encuentro, Carlos Muñiz, se cruzó involuntariamente en la trayectoria de Denis Suárez. El impacto mandó a ambos directamente al césped. Mientras el Málaga aprovechaba el despiste para montar una contra peligrosa, la secuencia rozó el esperpento: el árbitro intentó levantarse a toda prisa para seguir la jugada, pero tropezó y resbaló en varias ocasiones sobre la hierba antes de conseguir ponerse en pie y echar a correr tras el balón.
Un impacto con consecuencias y enfado en Vitoria
Yo esto lo veo claro: cuando dos futbolistas chocan a altas revoluciones, el riesgo de brecha está ahí, pero encontrarte de frente con el silbato del árbitro es una jugada de mala suerte absoluta. El peor parado de la acción fue, sin duda, Denis Suárez. Las cámaras de la retransmisión televisiva de DAZN captaron perfectamente cómo el centrocampista del Alavés tuvo que abandonar el terreno de juego para ser atendido de urgencia por los servicios médicos de su equipo.
El futbolista gallego presentaba un corte visible en el labio y sangraba con abundancia a causa del golpe. Los doctores del conjunto vitoriano tuvieron que colocarle una gasa en la boca para contener la hemorragia antes de que pudiera reincorporarse a la recta final del choque. Sin embargo, el dolor físico no fue el único motivo de mosqueo para el ‘8’ albiazul.
El malestar en el Alavés fue doble. Por un lado, la plantilla y el cuerpo técnico protestaron airadamente que el colegiado no detuviera el juego de inmediato al ser él mismo el obstáculo involuntario que propició la pérdida de la pelota y desencadenó el ataque del Málaga. Por otro, al propio Denis Suárez no le sentó nada bien el protocolo de reingreso: tras ser atendido a toda prisa en la banda, con la gasa aún apretada en los dientes, tuvo que esperar la autorización arbitral para volver a pisar el verde, viendo desde fuera cómo sus compañeros defendían en inferioridad numérica una acción generada por el propio trencilla.
El dilema del árbitro como obstáculo en el juego
El incidente abre de nuevo el debate sobre el papel de los colegiados cuando interfieren físicamente en la dinámica de una jugada. Aunque el reglamento actual especifica en qué situaciones concretas debe detenerse el partido si el balón toca en el árbitro y cambia la posesión o genera un ataque prometedor, las acciones de contacto físico directo entre colegiado y futbolista siguen generando zonas grises que desesperan a los entrenadores.
En este caso, la frustración del banquillo babazorro era perfectamente comprensible. Perder a tu organizador en la zona de creación por un choque con la máxima autoridad del campo, ver cómo el rival arma una transición ofensiva a raíz de esa caída y, para colmo, tener que jugar los siguientes minutos con un hombre menos mientras le frenan el sangrado en el labio, es una píldora muy difícil de tragar en los minutos finales de un partido apretado.
Qué esperar tras el incidente en Mendizorroza
Más allá del aparatoso choque y del enfado monumental del momento, la brecha en el labio de Denis Suárez no debería ir a más allá de un par de puntos de sutura y las molestias lógicas de los primeros días. El centrocampista pudo terminar el encuentro sobre el césped y estará disponible para los próximos compromisos del Alavés sin mayor complicación.
Habrá que ver si este lance sirve para que el estamento arbitral revise el manejo de los contactos involuntarios en zona de elaboración. Lo que está claro es que en Vitoria tardarán en olvidar una noche donde el mayor obstáculo sobre el césped no vestía la camiseta rival.




















