Empate con sabor agridulce para el Nottingham Forest en Portman Road. El 1-1 frente al Ipswich Town le permite a Oliver Glasner cortar una racha demoledora de tres derrotas consecutivas y sacar la cabeza, al menos de forma momentánea, de los puestos de descenso de la Premier League. Pero yo vi el partido y la sensación que me queda es de oportunidad perdida.
No os voy a engañar: el Forest hizo méritos más que suficientes para llevarse el botín completo. Salió enchufado, sabiendo exactamente lo que tenía entre manos y apretando desde el primer minuto. Apenas en el minuto 7, el meta Christian Walton ya tuvo que sacarse de la manga un paradón a un remate acrobático a la media vuelta de Jair Cunha. El mensaje de Glasner era claro: salir a morder desde el pitido inicial.
Y la apuesta dio sus frutos muy pronto. En el 13′, una jugada de esas que a los entrenadores les encanta dibujar en la pizarra: Daniel Muñoz la puso desde la banda derecha con música y Neco Williams, llegando desatado desde el costado izquierdo, la cazó de primeras para cruzarla al fondo de la red. Gol de carrilero a carrilero. De manual. El plan perfecto para helar Portman Road.
El grave error de Milenkovic que cambió el guion
El Ipswich, instalado en una comodísima novena posición en su regreso a la élite, reaccionó de la mano de su jugador más brillante, el paraguayo Julio Enciso. Tuvo un aviso con un remate de volea de Jaden Philogene que atrapó Matz Sels sin estirarse demasiado, pero el Nottingham no se amilanó. De hecho, volvió a tener el gol en sus botas tras un carrerón de Dan Ndoye por la derecha que Morgan Gibbs-White rebañó en el área y Leif Davis sacó providencial sobre la misma línea.
Todo parecía bajo control para los visitantes, pero en la Premier League un parpadeo te arruina la tarde. En el 41′, a las puertas del descanso, Nikola Milenkovic cometió un error garrafal en una cesión hacia su portero. El pase hacia atrás del central serbio se quedó francamente corto; un regalo absoluto que Enciso no desaprovechó. El atacante olfateó la sangre, se encaró con Sels y definió con un disparo raso pegado al poste para poner el 1-1.
En la segunda mitad, el guion se mantuvo. El Nottingham volvió a ser el equipo más incisivo en ataque, pero acusó la falta de veneno en los últimos metros. Leif Davis volvió a vestirse de héroe para el Ipswich al salvar in extremis otro balón que se colaba tras dejar a Ndoye solo en el área. Callum Hudson-Odoi dispuso también de una ocasión clarísima en un mano a mano que cruzó en exceso, mientras que el Ipswich apretó en un descuento larguísimo donde el triunfo pudo decantarse para cualquiera.
Respiro para Glasner, pero sin margen de error
¿Cómo se traduce esto en la tabla y en la dinámica del vestuario? A ver, lo primero es lo primero: cortar la sangría. Venir de tres derrotas seguidas te mina la moral y te mete una tensión en las piernas que complica hasta dar un pase a tres metros. Sumar fuera de casa y escapar de la zona roja es un bálsamo necesario para un Glasner que llegaba a la cita tremendamente cuestionado.
Sin embargo, la alta competición no perdona los regalos. Salir del descenso te da aire para la semana, pero la realidad es que el equipo dejó escapar dos puntos por una desconexión individual en la salida de balón. En la pelea por la permanencia, los partidos en los que generas las mejores ocasiones hay que cerrarlos, porque los despistes se pagan caros.
El Ipswich, por su parte, sostiene su tranquilidad en la zona media demostrando oficio para arañar puntos incluso en días incómodos. Para el Nottingham, la lectura es clara: la imagen mejoró y el punto frena la caída libre, pero Glasner necesita transformar estas buenas sensaciones en victorias de tres en tres si quiere trabajar con verdadera tranquilidad.




















