Derbi de los que duelen en el alma. El Valencia rozaba un punto trabajado en Mestalla, pero un contragolpe fulminante comandado por Alberto Moleiro y firmado por Georges Mikautadze en el tiempo de descuento le acabó dando la victoria al Villarreal. Un jarro de agua fría que deja a los de Javier Aguirre tocados y sin premio tras un choque lleno de tensión.
Yo siempre he pensado que el fútbol tiene un sentido del humor bastante retorcido, y este partido fue la prueba perfecta. La tarde arrancó con Aguirre apostando por la juventud de Otorbi en la banda y dejando a Dani Raba en el banquillo. La grada de Mestalla aplaudió la valentía del técnico mexicano, pero el guion se torció rapidísimo: el chaval sintió un pinchazo en una de sus arrancadas explosivas y tuvo que retirarse lesionado. La entrada de Raba vino acompañada de pitos de desaprobación por parte del público, pero el extremo respondió donde hay que hacerlo, sobre el césped. Se inventó una jugada sensacional dentro del área, recortó a la defensa y forzó el penalti de Veiga. Pepelu no perdonó desde los once metros y puso por delante a los locales.
Antes de ese tanto che, el Villarreal de Íñigo venía llevando el peso del juego. Aunque el derbi se convirtió con los minutos en un auténtico volcán —hubo dos tarjetas rojas, piques constantes, un penalti y hasta un gol anulado—, el conjunto visitante supo aguantar el tipo en las fases de mayor tempestad y esperar su momento.
El golpe táctico y la sentencia en el descuento
Cuando el encuentro agonizaba y todo apuntaba a un reparto de puntos que conformaba a medias a ambos, llegó el error fatal. El Valencia volcó a sus hombres en busca del gol del triunfo, pero perdió un balón comprometido en la zona donde más quema perderlo: el área rival. Moleiro agarró la pelota con metros por delante, puso a correr a Mikautadze con un pase medido y el delantero georgiano no falló en el mano a mano definitivo frente a Stole Dimitrievski. Latigazo seco, directo a la red, y jarro de agua helada sobre la parroquia blanquinegra.
Para el equipo de Aguirre, este tropiezo supone un impacto psicológico tremendo. Perder un derbi en la última jugada del añadido, después de encajar la lesión imprevista de Otorbi y gestionar la tensión de jugar con futbolistas expulsados, deja las alarmas encendidas. No solo duelen los puntos que se escapan hacia Vila-real, sino la falta de contundencia para cerrar el partido cuando tocaba proteger el botín.
Por parte del Villarreal, la efectividad y la pegada arriba marcaron la diferencia. En partidos de tanto desgaste, tener futbolistas diferenciales como Moleiro o Mikautadze es lo que te sostiene: en cuanto huelen la sangre a la espalda de la defensa, no te perdonan.
Consecuencias de cara a las próximas jornadas
El Valencia tendrá que recomponerse rápido de este desgaste físico y mental. Aguirre no solo afronta el choque de digerir la derrota en casa, sino que deberá recomponer su ataque pendiente de la evolución muscular de Otorbi. Además, el cuerpo técnico tendrá que trabajar a fondo los balances defensivos cuando el equipo se proyecta al ataque en los minutos finales, una grieta que hoy les ha costado el partido.
Al final, los derbis no entienden de méritos, entienden de gol. Y mientras el Villarreal celebra tres puntos de oro en un escenario siempre complicado, en Mestalla toca lamerse las heridas y corregir errores antes de que la clasificación vuelva a apretar.




















