Se te queda una cara de tonto difícil de explicar cuando haces lo más complicado en un derbi y, en el último suspiro, te vuelves a casa con los bolsillos vacíos. El Valencia se adelantó en Mestalla con un gol de penalti de Pepelu, pero terminó cayendo por 1-2 ante el Villarreal en una acción al contragolpe en el minuto 93 que dejó al valencianismo tocado.
Para Pepelu, que terminó siendo elegido MVP del partido a pesar del resultado, la lectura al acabar la noche en los micrófonos de Movistar era clara y sin paños calientes: «No se te puede ir un partido en el 93». El centrocampista explicó la jugada decisiva desde la precipitación de un bloque al que le urgía sumar de tres en tres. «La inercia de necesitar puntos, de ir hacia adelante, nos hemos qo desprotegidos y nos han pillado la contra», reconoció el de Denia, que también mostró su extrañeza por la expulsión exprés de su compañero Harvey Elliott en el tramo final del choque.
El colapso de un Valencia desprotegido
Yo esto lo veo bastante claro: querer ganar es una obligación jugando en Mestalla, pero saber gestionar las pulsaciones cuando el cronómetro aprieta forma parte del oficio. El equipo ché no completó una primera mitad brillante en lo futbolístico, pero sí encontró el premio del gol desde los once metros para marcharse por delante al descanso. El problema vino después, cuando el choque se descontroló tras el paso por vestuarios y el Villarreal, impulsado por el impacto de Mikautadze, supo llevar el duelo a su terreno.
Quedarse con un hombre menos por la tarjeta roja a Elliott terminó de desordenar el esquema blanquinegro. En lugar de juntar filas y asegurar al menos un punto que frenara la sangría, el ansia por buscar el área rival dejó una autopista a la espalda de la defensa. Y a este nivel, si regalas metros con el partido agonizando, el castigo suele ser inmediato. Una contra perfectamente ejecutada por el conjunto visitante dictó sentencia en el añadido.
Tres partidos sin ganar y la urgencia de Aguirre
El tropiezo escuece el doble por el contexto en el banquillo. Con la llegada de Javier Aguirre, la afición esperaba ese típico vuelco competitivo que suele acompañar al técnico mexicano. Sin embargo, el balance tras sus primeros tres encuentros al frente del banquillo deja un regusto amargo: dos empates y esta derrota dolorosa ante el rival regional. Dos puntos de nueve posibles que no terminan de alejar los fantasmas de la tabla.
El propio Pepelu trató de mandar un mensaje de calma de cara al vestuario al señalar que «al final son detalles que nos están penalizando y toca seguir», recordando que el equipo ha estado cerca de sumar la victoria en los tres compromisos con el nuevo entrenador. La teoría la sabemos todos, pero la realidad matemática exige empezar a traducir esas buenas sensaciones o amagos de reacción en triunfos reales.
Ajustar los finales de partido para no sufrir
La lección que deja este derbi es cristalina para el cuerpo técnico ché. De nada sirve competir durante ochenta y cinco minutos si en los últimos cinco te desconectas del plan táctico por pura ansiedad. Corregir la vigilancia defensiva en los minutos de la verdad y mantener la cabeza fría con inferioridad numérica son tareas urgentes sobre la libreta de Aguirre para los próximos compromisos.
El Valencia necesita encajar mejor los momentos de tensión de los partidos y asimilar que, cuando la victoria no es posible por cómo se pone el escenario, un punto sumado siempre construye más que una derrota encajada en el último aliento.




















