Giorgi Kochorashvili ya es oficialmente nuevo jugador del Sevilla hasta el 30 de junio de 2030. El centrocampista georgiano, que llega traspasado desde el Sporting de Portugal, se convierte en el octavo refuerzo del club de Nervión para esta temporada y viaja hoy mismo a Bilbao para sumarse a la expedición.
La operación se ha cerrado a velocidad de crucero. Tras confirmarse el acuerdo entre el Sevilla y el Sporting Clube de Portugal, el futbolista ha estampado su firma en un contrato de larga duración que le vincuará a la entidad hispalense por las próximas seis temporadas. No hay tiempo que perder: el centrocampista se ha subido al avión este mismo mediodía con el resto de sus nuevos compañeros rumbo a San Mamés. Allí, el equipo buscará su segunda victoria consecutiva en LaLiga EA Sports tras la gran remontada ante el Rayo Vallecano en la jornada inaugural.
¿Qué gana el Sevilla con la llegada de Kochorashvili?
Yo esto lo veo como un movimiento estratégico de manual. El Sevilla se está reconstruyendo a base de piernas, dinamismo y futbolistas con hambre de reivindicarse, y el georgiano encaja ahí como un guante. Además, cuenta con una ventaja tremenda que los directores deportivos valoran como si fuera oro: conoce perfectamente el fútbol español. Su adaptación no debería llevarle más de un par de entrenamientos.
Con ocho fichajes ya en el zurrón para esta campaña, queda claro que la planta noble del Sánchez-Pizjuán ha optado por una reestructuración profunda. No se trata de cambiar piezas por cambiar, sino de modificar el perfil de la plantilla hacia un modelo mucho más dinámico y vertical. Kochorashvili aporta precisamente ese perfil de centrocampista híbrido que tanto se cotiza hoy en día.
Tiene despliegue físico para morder en la presión, pero también la pausa necesaria para que el balón no le queme en los pies cuando toca iniciar la transición. Al Sevilla le venía haciendo falta un pulmón extra en la medular, un futbolista capaz de abarcar campo y dar equilibrio cuando los partidos se rompen y se convierten en un ida y vuelta incontrolable.
Que viaje hoy mismo con el grupo, casi sin tiempo para deshacer las maletas, nos deja dos mensajes muy claros. El primero es que físicamente viene en un estado óptimo, rodado y listo para el barro. El segundo es que el cuerpo técnico tiene prisa por meterlo en dinámica. No me extrañaría nada verle disputar sus primeros minutos saliendo desde el banquillo en un escenario tan imponente y físico como San Mamés, donde las piernas frescas en el tramo final suelen decidir los puntos.
De Tiflis a Nervión: un viaje de picar piedra
Para entender el carácter de este futbolista, conviene repasar su trayectoria. No es el clásico talento de cristal que ha tenido el camino pavimentado desde juvenil. Nacido en Tiflis en 1999, se formó en el FC Saburtalo de su país, donde debutó con el primer equipo en 2017. Con solo 18 años, hizo las maletas para empezar su aventura en España en las filas del Peralada, filial del Girona en la antigua Segunda B. Ahí es donde se aprende a competir de verdad.
Su crecimiento continuó en el filial del Levante, donde se ganó a pulso el debut en Primera División. Curiosidades del destino: aquel debut en la máxima categoría fue precisamente contra el Athletic Club, el mismo rival al que podría enfrentarse mañana vestido de sevillista. Tras una provechosa cesión en el Castellón, su progresión le llevó al Sporting de Portugal, desde donde ahora regresa a nuestra liga consagrado como un centrocampista total.
A partir de ahora, la pelota queda en el tejado del cuerpo técnico para encajar esta nueva pieza en un vestuario que ha arrancado el curso con optimismo. Habrá que estar muy atentos a la lista definitiva en Bilbao para ver si el georgiano tiene su bautismo de fuego inmediato con la camiseta blanquirroja.




















