El Sanse se encuentra en una de esas situaciones límite que exigen una reacción inmediata si no quiere ver cómo la temporada se le escapa de las manos antes de tiempo. Tras encadenar seis derrotas consecutivas, el filial de la Real Sociedad recibe en Zubieta al Girona en un duelo donde la necesidad choca de frente contra uno de los rivales más en forma del campeonato. Yo esto lo veo claro: los potrillos necesitan cambiar el chip de inmediato para frenar una sangría que los tiene hundidos en los puestos de quema.
La fotografía de la clasificación es bastante explícita. El conjunto donostiarra ocupa la vigésima posición en la tabla y se sitúa a dos puntos de la zona de salvación, un límite que actualmente marca el Cádiz. Para encontrar la última victoria del filial txuri urdin hay que rebobinar la película hasta el lejano 12 de septiembre, día en que lograron imponerse al Andorra. Desde entonces, el casillero de triunfos se ha qo completamente congelado. Y si el rendimiento general preocupa, el balance como local en su ‘nueva’ casa de Zubieta roza lo alarmante: ni una sola victoria en lo que va de curso y apenas un triunfo sumando el historial de la pasada campaña y la presente.
La prueba de fuego ante un aspirante desatado
Para romper este bloqueo, el calendario no ha concedido ningún regalo. En frente estará un Girona que llega como cuarto clasificado tras encadenar siete partidos oficiales sin conocer la derrota. El cuadro catalán atraviesa un momento dulce tras superar entre semana el trámite copero ante el Cuarte y golear en la última cita liguera al Celta Fortuna, demostrando que le tiene cogida la medida a los filiales de la categoría. Además, los gerundenses están rindiendo con notable solvencia lejos de su estadio, habiendo sumado siete de los doce puntos disputados a domicilio.
El choque tendrá también su dosis de nostalgia con el regreso a Zubieta del exrealista Portu, uno de esos futbolistas con amplio bagaje en Primera División y Champions League que lideran el proyecto catalán. La presencia de perfiles así convierte el partido en un examen de máxima exigencia para los jóvenes potrillos, que se van a medir a un bloque que sabe manejar los tiempos y castigar cualquier concesión táctica.
Piezas en el tablero y el sello que busca Ansotegi
En el apartado de disponibilidad, Mikel Ansotegi recupera efectividad en el grupo, siempre a la espera de que el plan del primer equipo de Matarazzo para el derbi de San Mamés no condicione la convocatoria. Con las bajas confirmadas de los lesionados Beitia y Orobengoa, la buena noticia es la presencia de Marchal, que ha vuelto a ejercitarse con el filial, además de la disponibilidad de hombres como Carrera o Lebarbier. En la portería, todo apunta a que Olasagasti podría dar continuidad a su titularidad tras la decisión tomada en Canarias, mientras que la zaga buscará corregir la desconexión reciente de Calderón y Kita. En la parcela ofensiva, donde Dani Díaz está siendo la nota más entonada, se prevén rotaciones para agitar el árbol.
Más allá de las piezas, la gran asignatura pendiente del Sanse es de carácter identitario. El propio Ansotegi ha dejado claro en la previa cuál debe ser el camino: recuperar la contundencia y volver a ser ese equipo rocoso que incomode al rival, buscando que los entrenadores contrarios reconozcan en ellos a un bloque duro y no al típico filial frágil en las áreas. Convertir Zubieta en un fortín vuelve a ser la prioridad absoluta para un vestuario que necesita urgentemente una victoria reconfortante para salir del pozo.
A partir de ahora, toca comprobar si este Sanse es capaz de dar el golpe sobre la mesa en casa ante un oponente de máxima jerarquía o si la dinámica negativa termina por encender definitivamente las alarmas en Zubieta.




















