El RCD Espanyol ha vuelto a tropezar con la misma piedra en la Copa del Rey, y esta vez la caída ha sido retumbante. El Sestao River, equipo de Segunda Federación, apeó a los blanquiazules en el Campo Municipal de Las Llanas tras imponerse por 4-3 en una prórroga agónica. El tanto decisivo de Jon Rojo en el último suspiro del tiempo extra certificó la eliminación perica y deja el futuro del técnico Manolo González en una situación límite.
No fue un partido cualquiera, sino un intercambio constante de golpes sobre un césped pesado en el que el Espanyol golpeó primero. A los seis minutos, Marcos Fernández provocó y transformó una pena máxima cometida por Jon Rojo para hacer el 0-1. Lejos de amedrentarse, el Sestao reaccionó. Carrión igualó el choque en el minuto 21 aprovechando una resbalón de Hinojo para batir a Dmitrovic. Antes del descanso, Ugarte firmó la remontada local al cabecear un saque de esquina botado por Eneko ante la pasividad defensiva de Riedel.
Manolo González y el peso de una Copa maldita
Yo esto lo veo claro: cuando un equipo de máxima categoría encadena tres tropiezos consecutivos en el torneo del KO ante rivales de menor entidad, el problema no es solo puntual, es estructural. Tras los chascos pasados ante el Barbastro y el Atlético Baleares, el Espanyol llegaba a Las Llanas con la obligación de disipar dudas. Manolo González ya había avisado en la previa de la tensión que rodeaba al banquillo, y la rotación en la portería devolviendo la titularidad a Marko Dmitrovic no sirvió para frenar la sangría defensiva a balón parado.
La eliminación deja al técnico gallego visto para sentencia. Aunque el equipo tiró de orgullo en el tramo final del tiempo reglamentario para igualar el choque —gracias a un penalti provocado por Edu Expósito que convirtió Roberto en el minuto 90—, las sensaciones de fragilidad atrás continuaron siendo alarmantes. Los errores en las marcas y la falta de contundencia en las áreas han dinamitado la tranquilidad de un proyecto que vuelve a quedar tocado a las primeras de cambio en la Copa.
Una prórroga descontrolada en Las Llanas
El tiempo extra arrancó con lo que parecía el rescate blanquiazul. Gabriel Moscardo enganchó un gran derechazo desde la frontal en el minuto 96 para estrenar su casillero goleador como perico y poner el 2-3. Sin embargo, la alegría duró apenas dos minutos. El Sestao volvió a golpear a balón parado por mediación de Laka, que cabeceó solo a la red para firmar el 3-3 en el 98.
Cuando la tanda de penaltis parecía el destino inevitable para ambos conjuntos, el partido saltó por los aires en los instantes finales. Iru evitó el tanto del Espanyol al sacar bajo palos una espectacular chilena de Cabrera en el 117. Y de la oportunidad visitante se pasó al desenlace local: en el minuto 121, una jugada embarullada terminó con un balón suelto que se le escurrió a Dmitrovic de las manos, permitiendo a Jon Rojo resarcirse de su penalti inicial y empujar el definitivo 4-3 que desató la locura entre los más de 3.300 aficionados sestoarras.
Lo que depara el futuro perico
El golpe moral para la plantilla del Espanyol es devastador. Caer a las primeras de cambio ante un rival dos categorías por debajo erosiona aún más el crédito del cuerpo técnico y obliga a la directiva a tomar decisiones de forma inminente. Toca mirar hacia adelante y centrar todos los esfuerzos en la competición liguera, pero el fantasma de Las Llanas tardará en recorrer los pasillos de Cornellà-El Prat.




















