Volvió a pasar en el Santiago Bernabéu. El Sevilla cayó por 4-1 ante el Real Madrid en un choque marcado por la controversia arbitral y la pegada blanca. Caer en el feudo madridista rompe de golpe la imbatibilidad a domicilio que lucían los hispalenses y estira una sequía en la capital que dura ya 18 años.
Yo esto lo veo como la historia de siempre cuando el Sevilla visita Chamartín. Esta vez, el técnico tuvo que mover la alineación respecto al duelo contra el Levante por las bajas de Kochorashvili y Miguel Sierra. Entraron Rubén Vargas y Peque, que no jugaban desde la primera y la tercera jornada, respectivamente. El cambio retrasó la posición de Fofana, cedido por el Milan, para acompañar a Agoumé en el doble pivote. Pese a las ausencias, el equipo salió sin complejos con el balón y presionando arriba en un 4-1-4-1, pero los detalles y el arbitraje volvieron a enrarecer la noche.
La losa de 18 años sin ganar en Chamartín
El resultado castiga en exceso el atrevimiento inicial de los nervionenses, pero confirma una inercia que parece imposible de romper. Son ya 18 años seguidos sin meterle mano al Real Madrid en su feudo. Cada visita se convierte en un calco de la anterior, donde las decisiones dudosas y el poder de resolución local terminan desequilibrando la balanza.
El enfado en la expedición sevillista tras el pitido final fue mayúsculo. El propio técnico dejó caer tras el encuentro su malestar con la actuación arbitral al señalar la presión mediática que rodea a estos escenarios. Al final, da la sensación de que el análisis puramente táctico pasa a un segundo plano cuando la polémica se apodera del choque.
Frenazo a la racha lejos de Nervión
Más allá de la rabia por las acciones discutidas, la consecuencia inmediata de este 4-1 es el fin de la imbatibilidad del Sevilla fuera de casa. El cuadro hispalense venía mostrando una solidez notable como visitante, rascando puntos y mostrándose muy competitivo lejos del Sánchez-Pizjuán. Encajar cuatro tantos de golpe supone un toque de atención defensivo para los hombres de la medular y la zaga.
A nivel de clasificación, tropezar en el Bernabéu entra dentro de la lógica del campeonato, pero la forma duele. Queda por ver cómo encaja el vestuario este golpe anímico tras verse con opciones en el tramo inicial y terminar goleado en un ambiente tan crispado.
Toca rehacerse sin perder la identidad
Lo positivo que me llevo del arranque es que el Sevilla no fue a Madrid a encerrarse. Se vio a un equipo vertical, valiente en la salida de pelota y con un Fofana que abarcó mucho campo junto a Agoumé. El problema es que en este estadio, si no aprovechas tus momentos y permites que el choque se convierta en un ida y vuelta con fallos en las áreas, te terminan arrollando.
A partir de ahora, la clave estará en ver si el grupo logra aislarse del ruido mediático generado por el arbitraje y recupera la firmeza que venía mostrando lejos de Nervión para sus próximos compromisos.




















