El Athletic Club ha destrozado al Atlético de Madrid en San Mamés con una ráfaga letal de apenas dos minutos al inicio de la segunda mitad. Los goles de Nico Williams en el minuto 46 y de Robert Navarro en el 48 encarrilaron un contundente 3-0 definitivo. Los colchoneros pagaron muy caro quedarse protestando una polémica jugada en la banda en lugar de defender.
Yo siempre digo que en el fútbol de élite no te puedes desconectar ni para pestañear. El Atlético lo hizo y la factura que le pasaron en La Catedral fue de las que duelen de verdad. Nada más arrancar el segundo tiempo, en el minuto 46, Iñaki Williams puso un centro que rozó en Hancko y Nico Williams empujó de cabeza a placer en el área pequeña. Casi sin tiempo para asimilar el golpe, en el minuto 48, Robert Navarro asestó el segundo zarpazo firmando el 2-0. Un colapso absoluto de los hombres de Diego Simeone, que se quedaron reclamando que el balón previo al primer tanto había salido completamente por la línea lateral.
La desconexión colchonera y el lío del VAR
La jugada de la polémica va a traer cola en las tertulias, pero a mí lo que de verdad me llama la atención es cómo un equipo del Cholo se desenchufa de esa manera. Todo nace en una acción donde Ohian Sancet controló una pelota al límite sobre la línea de banda ante Hjulmand. Los jugadores del Atlético dieron por hecho que el esférico se había marchado fuera, se quedaron estáticos esperando que el linier levantara el banderín y descuidaron por completo el repliegue defensivo. Error de manual. El fútbol se juega hasta que suena el silbato, y más hoy en día con la tecnología vigilando cada rincón.
El colegiado Munuera Montero no dio validez al gol de Nico Williams de inmediato. Tuvo que esperar la confirmación de Pulido Santana, que estuvo revisando concienzudamente las imágenes desde la sala VOR de Las Rozas. En las tomas ofrecidas por la televisión era realmente difícil determinar si el balón había traspasado la línea de cal en su totalidad. Al no haber una toma clara que desmintiera la decisión de campo, el gol subió al marcador. Pero el verdadero problema para el Atlético no fue la decisión arbitral, sino su propia reacción mental.
El castigo psicológico fue instantáneo. Mientras los futbolistas visitantes seguían rumiando la frustración y pidiendo explicaciones, el Athletic olió la sangre. Dos minutos después, Robert Navarro aprovechó ese estado de shock generalizado para batir de nuevo la portería colchonera y poner tierra de por medio. Pasar del 0-0 al 2-0 en un abrir y cerrar de ojos es un golpe del que muy pocos equipos logran levantarse, y menos en un escenario tan imponente como San Mamés.
Consecuencias de la tormenta en San Mamés
Este correctivo deja al Atlético de Madrid con muchas heridas abiertas y bastantes dudas que resolver de cara a las próximas semanas. Los rojiblancos llegaban a Bilbao buscando un refugio deportivo tras unos días bastante convulsos. La previa del encuentro había estado monopolizada por la llamada «tormenta Julián», hasta el punto de que el propio Simeone tuvo que salir al paso de las críticas con visible incredulidad ante las preguntas de los periodistas sobre el rendimiento de Julián Álvarez. «¿En serio me estás preguntando eso?», llegó a responder el técnico argentino.
Pues bien, tras este tropiezo, las preguntas incómodas no van a desaparecer. Perder en San Mamés entra dentro de lo lógico, pero la forma en la que se desmoronó el equipo en esos dos minutos de incomprensible desconexión va a obligar al cuerpo técnico a hacer un análisis profundo. Al Atlético le ha faltado esa solidez competitiva y esa concentración extrema que siempre han sido las señas de identidad de los equipos del Cholo.
Por su parte, el Athletic Club sale reforzado como un auténtico tiro. Ganar con esta autoridad a un rival directo por la zona alta de la clasificación es un mensaje muy serio para el resto de la liga. La conexión de los hermanos Williams sigue funcionando de memoria y la aportación de futbolistas como Robert Navarro demuestra que el bloque de Ernesto Valverde tiene recursos de sobra para castigar cualquier despiste ajeno. A partir de ahora, al Atlético le toca lamerse las heridas rápido y recordar que en este juego no se puede bajar los brazos ni para protestar.

















