A mí me flipan estas historias porque demuestran que el fútbol tiene una memoria de elefante. El duelo entre el Córdoba CF y el Sabadell revive una de las páginas más dramáticas de nuestro balompié: aquel descenso de la mano en la temporada 1971-1972, cuando ambos se despidieron juntos de la Primera División.
Aquel año, blanquiverdes y arlequinados se jugaban la vida en la recta final de la temporada. En la jornada 30, el Sabadell se llevó un dramático 1-0 en la Nova Creu Alta gracias a un gol de Zaldúa, un histórico que venía de brillar en el Barcelona. El partido, arbitrado por el mítico Emilio Guruceta Muro, enfrentaba al último contra el penúltimo. Al final, la victoria local no sirvió de nada: unas semanas después, ambos equipos consumaban un amargo doble descenso a Segunda División, cerrando una época dorada para el club andaluz.
¿Qué significa este reencuentro para el orgullo blanquiverde?
Yo esto lo veo como un recordatorio de lo caprichoso que es este deporte. Para el Córdoba, aquella derrota por la mínima en Sabadell inició un calvario de cuatro partidos que selló su destino. Pero el fútbol, que es un guionista de primera, guardaba un giro de guion espectacular para la penúltima jornada de aquella campaña. Ya matemáticamente descendido, el Córdoba recibió en El Arcángel al mismísimo FC Barcelona de Rinus Michels, que se estaba jugando el título de Liga frente al Real Madrid.
¿Y qué pasó? Pues que el Córdoba ganó 1-0 con un gol de penalti de Fermín Gutiérrez. Aquella tarde, bajo los palos del Barça estaba un cordobés de pura cepa: Miguel Reina. Esa victoria, completamente estéril para los andaluces en lo deportivo, le entregó en bandeja el campeonato de Primera División al Real Madrid. Es la magia de estas historias: estar hundido en el pozo y, aun así, tener la llave para decidir quién reina en el fútbol español. El último partido de aquella travesía en la élite se saldaría con otra derrota por 1-0 ante el Granada en Los Cármenes, iniciando un destierro de la máxima categoría que duraría hasta el milagro del «Chapi» Ferrer en la temporada 2013-2014.
Hoy, más de medio siglo después, la realidad competitiva de ambos clubes es muy distinta, pero la solera no se pierde. Este tipo de partidos nos recuerdan que los escudos pesan y que las categorías de plata o bronce están llenas de gigantes durmientes con cuentas pendientes. Para la afición cordobesista, mirar atrás es entender de dónde vienen y por qué cada partido en el fútbol profesional se tiene que sudar como si fuera el último.
De Vavá a Iván Ania: el hilo conductor del banquillo
Si miramos al banquillo de aquel Córdoba de la 1971-1972, nos encontramos con un nombre de leyenda mundial: el brasileño Vavá. Bicampeón del mundo con la Canarinha, era el encargado de dirigir a un plantel que contaba con un jovencísimo Vicente del Bosque —en su única campaña en tierras cordobesas, cedido por el Real Madrid— y con figuras inolvidables como Manolín Cuesta, Cruz Carrascosa, Pepe Escalante o Miguel Ángel Molina. Por el bando catalán, el banquillo lo ocupaba Bernardino Pasieguito, otra institución de nuestro fútbol, mientras que en el césped destacaban nombres como García Soriano o Marañón.
Pues bien, el presente nos ofrece un puente directo con aquella época dorada. Iván Ania, el actual timonel del Córdoba CF, acaba de superar precisamente al histórico técnico brasileño. Tras el reciente enfrentamiento ante el Granada, Ania ha alcanzado la friolera de 131 partidos dirigidos al frente del conjunto blanquiverde. Con esta cifra, el técnico asturiano se consolida en el selecto grupo de los cuatro entrenadores con más partidos en la historia del club.
Superar a un mito como Vavá no es cualquier cosa. Demuestra estabilidad en un fútbol tan volátil como el actual, donde los proyectos suelen durar lo que un suspiro en la boca. Ania ha logrado dotar al equipo de una identidad competitiva que busca honrar, precisamente, el legado de aquellos héroes de los sesenta y setenta que codearon al club con los más grandes de España.
La historia maldita en Primera ya es parte del pasado, pero el orgullo de estos dos clubes históricos sigue intacto en cada reencuentro sobre el césped. Habrá que estar muy atentos a cómo gestiona Iván Ania este legado para seguir escalando posiciones en la historia de El Arcángel.

















