El Real Madrid C arranca este domingo a las 11:00 ante el Atlético Albacete en Valdebebas una nueva etapa de la mano del técnico Marc Carrasco. Tras dos temporadas caóticas que acabaron en un descenso sobre el césped, el segundo filial blanco se aferra a una plaza administrativa en Segunda Federación para iniciar una reconstrucción total.
A ver, seamos claros: lo de los dos últimos años del Madrid C ha sido un dolor de muelas absoluto. Los números no mienten y son de los que hacen daño a la vista: apenas 23 victorias en 72 partidos, tres entrenadores distintos intentando dar con la tecla y un vestuario que parecía la estación de Atocha en hora punta. El descenso deportivo del curso pasado fue el triste y lógico desenlace de una deriva preocupante. Si el equipo sigue hoy en la categoría es únicamente porque los despachos hicieron el trabajo que no se pudo rematar en el campo, aprovechando una de las plazas vacantes por impagos de otros clubes. Ahora, Carrasco asume el mando con una plantilla revolucionada que cuenta con hasta 19 caras nuevas para dar carpetazo a la pesadilla.
El rompecabezas de ser el «tercer plato» en Valdebebas
Yo siempre he dicho que entrenar a un segundo filial es uno de los oficios más ingratos y complejos del fútbol modesto. No solo tienes la exigencia de competir y ganar vistiendo ese escudo, sino que juegas la partida con las cartas marcadas por otros. Si el Castilla sufre una plaga de lesiones, te quitan a tu mejor mediocentro. Si Carlo Ancelotti decide que quiere ver a un chaval entrenando con el primer equipo, te quedas sin tu delantero estrella el viernes por la tarde.
Esa falta de estabilidad ha sido la gran losa del Madrid C desde su ascenso a Segunda Federación en 2024. Dos promociones de descenso consecutivas no se viven por casualidad; son el síntoma de un equipo que no sabía muy bien a qué jugaba porque sus piezas cambiaban de manos cada tres días. La preparación semanal ha sido un auténtico encaje de bolillos, con futbolistas repartidos entre diferentes plantillas y una incertidumbre constante que impedía repetir un once dos domingos seguidos. Para Marc Carrasco, el reto inmediato va mucho más allá de la pizarra táctica. Su primer gran trabajo será blindar mentalmente a un grupo que debe aprender a convivir con ese ecosistema de «subidas y bajadas» sin perder la competitividad por el camino.
Sangre nueva para sobrevivir en el barro
Para salir de este túnel deportivo, en Valdebebas han decidido que la mejor receta es hacer borrón y cuenta nueva. La reestructuración es profunda: 19 jugadores nuevos en la plantilla. No estamos hablando de parches de última hora, sino de una apuesta decidida por promocionar al bloque de chavales que se coronó con el triplete juvenil. Son futbolistas que traen el gen ganador de serie, acostumbrados a someter al rival y que, lo más importante, llegan limpios de las frustraciones y los miedos acumulados en las dos campañas anteriores.
El salto del fútbol juvenil a la Segunda Federación es enorme. Aquí ya no juegas contra chicos de tu edad; te mides a veteranos curtidos en mil batallas, en campos donde el balón apenas bota y donde cada error se paga con un gol en contra. Por eso, el club también ha buscado reforarse con incorporaciones externas que aporten esa dosis de oficio necesaria para sobrevivir en el barro de la categoría. El debut de este domingo ante el Atlético Albacete nos dará la primera pista real de si este nuevo Madrid C tiene la madurez necesaria para competir o si volverá a sufrir el calvario del pasado.
Toca abrocharse los cinturones porque el balón ya empieza a rodar. El proyecto de Marc Carrasco se pone a prueba con la obligación de demostrar que la segunda oportunidad que la burocracia le regaló al club no va a caer en saco roto.

















