Carlos Corberán ha decidido cerrar la carpeta de los lamentos y centrarse en la cruda realidad. Con solo un punto de nueve posibles y la visita del Barcelona este domingo, el técnico del Valencia ha exigido un paso al frente a su plantilla. Toca olvidar un mercado de fichajes decepcionante y reaccionar de inmediato para apagar el incendio.
La situación en la capital del Turia está al límite de la combustión. Al pobre arranque deportivo se le suma un cierre de mercado que ha dejado a la afición de uñas, hasta el punto de que varios colectivos preparan protestas para el partido del domingo, incluyendo no entrar al estadio hasta que ruede el balón. En medio de esta tormenta, Corberán ha querido cortar de raíz cualquier victimismo sobre la falta de refuerzos: «El mercado ya es parte del pasado. Centrarme en lo que podría o debería haberse hecho no tiene sentido», confesó en rueda de prensa. Para el entrenador extremeño, la responsabilidad ahora recae exclusivamente en los que están dentro del vestuario, quienes deben devolver el «sentimiento de orgullo» a una grada muy quemada, especialmente tras la «vergonzosa» primera parte firmada ante el Deportivo en la última jornada.
Cocinar con lo que hay en la nevera
Yo esto lo veo muy claro: a Corberán le han dado un coche con tres marchas y le piden que compita al máximo nivel. Pero el técnico, que de esto sabe un rato, es perro viejo y sabe que quejarse en público solo sirve para debilitar al grupo. Su discurso es inteligente. Al desviar el foco del «qué hubiera pasado si…» y ponerlo en el «qué vamos a hacer hoy», intenta proteger a sus futbolistas. Las carencias de la plantilla son evidentes y las peticiones que hizo a la dirección deportiva se quedaron en despachos privados, pero lamentarse a estas alturas de septiembre es perder un tiempo precioso que el Valencia no tiene.
La realidad clasificatoria aprieta. Un solo punto en tres partidos es un bagaje alarmante para un club de esta exigencia. El fútbol no espera a nadie, y menos cuando el rival que asoma por el túnel de vestuarios es el Barcelona. Corberán necesita que sus jugadores asimilen su propuesta a marchas forzadas y, sobre todo, que muestren una solidez defensiva y una actitud que brillaron por su ausencia en el último encuentro. Pasar de una primera mitad «vergonzosa» a competirle al Barça exige una metamorfosis mental absoluta.
El juicio de Mestalla ante el gigante
El partido de este domingo no es uno más. El clima que se va a respirar en Mestalla va a ser de máxima tensión. Con parte de la afición protestando fuera del estadio en los primeros minutos, el equipo se va a encontrar un ambiente frío y hostil de inicio, una desconexión grada-césped que suele ser mortal ante rivales de la entidad del Barcelona. Los jugadores tendrán que demostrar una madurez tremenda para que el ruido institucional no les pese en las piernas.
Para Corberán, la clave estará en cómo su equipo logre capear el temporal inicial. Si el Valencia consigue morder, presionar arriba y conectar con la gente que sí esté en sus asientos desde el pitido inicial, el ambiente puede jugar a su favor. Si, por el contrario, vuelven a salir contemplativos como contra el Deportivo, Mestalla puede convertirse en un juez implacable. Sin margen de error y con la enfermería complicando el once, el técnico apela al orgullo de pertenencia para obrar el milagro.
A partir de ahora, solo vale mirar al césped. El mercado ya no juega; ahora juegan el carácter, la pizarra de Corberán y la rebeldía de un grupo que necesita demostrar que es mucho más de lo que dice su preocupante inicio de liga.

















