Tardes como la que se viene en Montilivi son de las que marcan la hoja de ruta de toda una temporada. El Girona recibe al Almería en una prueba de fuego para calibrar si el proyecto de Quique Álvarez está listo para pelear por el ascenso directo o si todavía le falta un punto de cocción.
Los blanc-i-vermells llegan en la octava plaza con 21 puntos tras tropezar en Zubieta ante la Real Sociedad B. Aquel partido quedó condicionado muy pronto por la expulsión de David López, obligando al equipo a achicar agua en inferioridad hasta que Astiazarán decantó la balanza al final. Para recibir a un Almería que marcha segundo tras nueve jornadas invicto —siete victorias y dos empates—, Quique no podrá contar con el sancionado David López ni con los lesionados Javier Boñar, Bryan Gil y Jastin García, este último tras sufrir un nuevo contratiempo físico justo cuando roza el alta.
Un examen táctico de alto nivel para medirse la ropa
A mí este tipo de partidos me apasionan por lo que hay detrás de las pizarras. Quique Álvarez y García Pimienta se conocen desde la infancia, crecieron con la misma libreta en la cantera del Barcelona y entienden el fútbol desde la posesión y el ataque. La diferencia es que la propuesta de Pimienta en Almería ha ganado una contundencia tremenda: manejan el balón cuando toca, pero si los aprietas, se repliegan en bloque medio y te matan a la contra al menor espacio que dejes.
Ahí es donde el Girona tiene que demostrar madurez. Tras vencer al Andorra, al Celta Fortuna y pasar de ronda en Copa ante el Cuarte, el tropiezo en Zubieta dejó esa sensación agridulce tan repetida esta campaña: competir bien en el alambre pero marcharse de vacío por detalles. Sin David López, la papeleta en el eje de la zaga recae sobre Alejandro Francés, con Mumin perfilándose como su acompañante. Ajustar la presión alta sin desproteger la espalda va a ser vital frente a un rival que no perdona ni media.
Un tramo del calendario que no da tregua
La cita ante el Almería no es un compromiso aislado; es el pistoletazo de salida para un tramo del calendario de auténtico infarto. Tras medirse a los andaluces, al Girona le vienen encima dos duelos ante el Oviedo y el Eibar. Estamos hablando de tres pruebas seguidas contra la zona noble de la categoría.
Quique lo ha dejado claro en la previa: ganar al Almería no solo son tres puntos, es el golpe sobre la mesa necesario para meterse de lleno en la pelea de arriba. Si el Girona recupera la solidez que suele mostrar en Montilivi y mantiene la concentración los noventa minutos, confirmará que lo de las últimas semanas no era un espejismo y que hay plantilla para soñar en grande.
Nos espera un choque de estilos y intenciones al más alto nivel. Toca comprobar si el Girona es capaz de dar ese salto de calidad justo cuando la exigencia aprieta de verdad.




















