Hay cicatrices en el fútbol que tardan años en cerrar, y la de Pablo Fornals con la afición del Málaga es de las que dolió de verdad en su día. El centrocampista volvió a verse las caras con el club donde se formó, esta vez vistiendo la camiseta del Real Betis en La Cartuja, y firmó un gol que prefirió no celebrar por puro respeto a sus orígenes.
El canterano verdiblanco anotó el segundo tanto del conjunto bético en un duelo donde la escena clave llegó tras ver la pelota en la red. Mientras su compañero Natan de Souza acudía a felicitarle, Fornals levantó las manos pidiendo perdón. Nada de celebraciones eufóricas. Un gesto medido que busca reconciliar a un futbolista con una grada que durante mucho tiempo le guardó un rencor profundo por cómo se produjo su salida de La Rosaleda.
De la marejada de los 12 millones a la calma de La Cartuja
Yo esto lo veo claro: el aficionado a veces olvida que detrás de una cláusula de rescisión hay un chaval de 18 o 20 años intentando dar el salto. Fornals irrumpió en el primer equipo malaguista muy joven y completó dos temporadas notables, sumando 59 partidos y 7 goles. Sin embargo, su marcha al Villarreal tras el pago de los casi 12 millones de su cláusula sentó como un jarro de agua fría en Martiricos, sobre todo porque el submarino amarillo ya se había llevado antes a otros talentos de La Academia como los Samus u Ontiveros.
Aquel traspaso dejó una herida abierta durante mucho tiempo. El propio futbolista no ocultó en su día lo difícil que fue asimilar la reacción del público cuando le tocó regresar a La Rosaleda como rival. En una charla en el podcast Offsiders, el castellonense admitió que jamás lo había pasado tan mal en un terreno de juego como el día que escuchó los insultos del estadio que lo vio crecer como profesional.
Un respeto que vale más que tres puntos
En el fútbol de hoy en día, donde todo va tan rápido y abundan los gestos de cara a la galería, ver a un jugador mantener ese respeto hacia el escudo que lo formó demuestra madurez. Para el Real Betis, el gol supuso encarrilar el partido y dar solidez a la propuesta sobre el césped; para Fornals, significó cerrar un círculo personal que llevaba arrastrando casi una década.
Habrá quien piense que no celebrar un gol ante tu exequipo es un mero cliché, pero la trayectoria del centrocampista demuestra que la espina de Málaga seguía ahí guardada. Manuel Pellegrini conoce bien ambas casas y sabe lo que pesa ese bagaje emocional en la cabeza de un futbolista cuando rueda el balón.
El fútbol da muchas vueltas y el tiempo suele poner todo en su sitio. Fornals hizo su trabajo sobre el césped marcando para el Betis, pero su silencio en el festejo mandó un mensaje directo al corazón del malaguismo: las formas importan y el origen no se olvida.




















