Volver antes de tiempo de una lesión siempre tiene peaje. Marc Casadó aceleró los plazos casi un mes para estar con el Deportivo en el RCDE Stadium, pero su reaparición en el empate sin goles ante el Espanyol dejó una cicatriz que va más allá de lo físico. El centrocampista tiró de elegancia y contundencia tras el pitido final para denunciar la pillería —o el exceso de celo— de los rivales al buscar su punto débil.
El medio deportivista salto al césped en el minuto 72 en sustitución de Mario Soriano, culminando un retorno express tras sufrir una rotura de clavícula que parecía haber qo atrás cuatro semanas antes de lo previsto. Sin embargo, en el tramo decisivo del choque se vio envuelto en una tangana y varios contactos subidos de tono. En los micrófonos de DAZN, Casadó no se calló lo que percibió sobre la hierba: «Los rivales saben quién viene de lesión y dónde la tiene», soltó con picardía tras vivir en carne propia cómo el fútbol profesional no regala ni un segundo de tregua.
El peaje de acelerar los plazos y la atmósfera de Cornellà
Yo esto lo veo claro: cuando acortas un mes una baja por fractura de clavícula, asumes que vas a ser el blanco de todas las miradas. Y más si juegas en la medular, donde cada balón dividido es un choque de trenes. Casadó sabía perfectamente a lo que se exponía al enfundarse la camiseta de nuevo en Cornellà-El Prat. Su pasado azulgrana tampoco ayudó a rebajar la tensión de la grada, que le dedicó una sonora pitada en cuanto pisó el terreno de juego.
Lejos de arrugarse o buscar excusas en el ambiente, el centrocampista encajó la música de viento con naturalidad profesional. «Estamos contentos con este punto. Yo ya sabía al campo que venía y que me iban a recibir así, no tengo ningún problema», explicó sin dramas. Esa soltura para aislarse del ruido exterior demuestra la madurez con la que ha encajado su rol en este Deportivo, aunque la queja sobre los ‘recados’ dirigidos a su zona maltrecha sea un toque de atención en toda regla para los arbitrajes en jugadas límite.
Para el cuadro coruñés, tener de vuelta a Casadó en el último tercio del choque aporta un equilibrio táctico brutal. El equipo gana en criterio para pausar los partidos cuando el rival apreta, como ocurrió en unos minutos finales de máxima tensión en los que el punto cotizaba a precio de oro.
Leo Román echa el candado cuando más quemaba el balón
Más allá del conato de incendio con Casadó, el gran titular futbolístico del encuentro estuvo bajo los tres palos del Deportivo. Leo Román completó una actuación redonda para firmar su primera portería a cero de toda la temporada, un bote de salvavidas anímico para un portero que venía necesitando una noche así.
«Primera portería a cero, me hacía falta a mí también. La segunda es mejor parada, estoy contento», reconoció Román al término del choque. El guardameta estuvo especialmente inspirado para sostener al equipo en los momentos en los que el Espanyol apretó el acelerador, respondiendo con intervenciones de mucho mérito cuando el marco coruñés más amenazaba con venirse abajo.
Lo bonito de esta profesión es cómo el vestuario responde cuando un compañero pasa por un bache. El propio meta puso en valor el respaldo que ha sentido en el vestuario durante las semanas de dudas: «Cuando no he estado bien, el equipo me ha arropado y lo ha solucionado metiendo goles y hoy he querido estar a la altura». Un mensaje de vestuario piña que explica por qué este Dépor sabe sufrir y rascar unidades en plazas complicadas.
Con la enfermería empezando a vaciarse y la meta finalmente blindada, el Deportivo regresa a casa con una lección aprendida: las reapariciones se celebran, pero en el césped nadie va a tener piedad de los puntos débiles.




















