Hay historias que te demuestran hasta qué punto el fútbol se nos mete dentro y nos acompaña incluso en los momentos más delicados. Gonzalo del Pozo, un aficionado del Real Valladolid natural de Simancas, vivió en primera persona el grave choque de trenes ocurrido en Urda (Toledo), cuando el AVE en el que viajaba impactó contra un Iryo estacionado en la vía.
Iba en el vagón seis camino de Sevilla cuando saltó el impacto alrededor de las 8:55 horas. A pesar del tremendo susto y de sufrir varios golpes y un latigazo en la espalda que le dejaron magullado, Gonzalo pudo salir por su propio pie. Pero lo que realmente impacta de su relato en Radio MARCA Valladolid es la surrealista escena que vivió justo después: en medio de la humareda y la tensión, saltó la alarma de su teléfono móvil. ¿El motivo? Le avisaba de que se abría la venta de entradas para el próximo encuentro entre el Sporting de Gijón y el Real Valladolid.
El fútbol como ancla en mitad del caos
Yo esto lo veo claro: cuando la adrenalina está a mil y el cuerpo aún está procesando el susto, la mente busca agarrarse a lo cotidiano. Para un futbolero de cuna, lo cotidiano es no quedarse sin su entrada para acompañar a su equipo fuera de casa. Gonzalo explicó cómo logró localizar su teléfono en mitad del estropicio gracias al reloj digital que llevaba en la muñeca, lo que le permitió avisar de inmediato a su pareja, a su familia y a sus amigos para tranquilidad de todos.
A nivel deportivo y personal, el viaje a Sevilla quedó interrumpido, pero la verdadera victoria de Gonzalo fue salir prácticamente ileso de un accidente de esa magnitud. Afrontar un desplazamiento para ver a tu club siempre tiene ese punto de ilusión viajera, y que todo termine en un susto con heridas leves es la mejor noticia posible dentro de la gravedad del suceso.
La mirada puesta en El Molinón
Al final, las consecuencias físicas de este tipo de percanse tardan unos días en remitir —de hecho, la espalda y las piernas le seguían dando guerra horas después—, pero la moral del aficionado sigue intacta. El propio Gonzalo lo resumió con una frase que demuestra de qué pasta están hechos los hinchas de verdad: «Me quedo con que al final lo importante es que voy a poder ir al partido».
Ahora solo queda que la recuperación sea rápida y que ese aviso del móvil se transforme en 90 minutos de fútbol en la grada. Toca seguir de cerca cómo evoluciona tras el susto, pero todo apunta a que estará apoyando a los suyos en su visita a Gijón.




















