Marc Pubill vuelve este sábado al Ciutat de València, el escenario donde se doctoró como futbolista profesional. El lateral del Atlético de Madrid regresa a la que fue su casa para enfrentarse al Levante, un duelo con aroma a nostalgia pero, sobre todo, clave para reencontrar su versión más solvente sobre el césped.
Para Pubill no es una visita cualquiera. En Orriols dio el salto definitivo tras llegar a la cantera granota en 2020 desde el Nàstic de Manresa. Con solo 18 años y apretado por las bajas, Alessio Lisci le dio la alternativa en un derbi contra el Valencia CF. Pese a la derrota por 3-4, aquel chaval demostró una madurez impropia de su edad. «Me voy a acordar siempre de este momento. No me gusta nada perder. Si el equipo pierde no me puedo ir contento a casa, vaya como me vaya a mí», recordaba el propio defensa tiempo después sobre aquel estreno vertiginoso.
El encaje en el esquema del Cholo y la competencia con Cuti Romero
Yo esto lo veo muy claro: los partidos de vuelta a casa siempre tienen un componente emocional que puede jugar en doble dirección, pero a Pubill le llega en el momento idóneo. Tras atravesar un tramo de temporada con algunas dudas en su juego, el catalán viene de dar síntomas de mejoría clara en el último compromiso frente al Deportivo. Necesita continuidad y sensaciones firmes, y qué mejor escenario para consolidarlas que el campo donde aprendió a competir en la élite.
El panorama táctico para Simeone ha cambiado en las últimas semanas. La irrupción y presencia del Cuti Romero en la plantilla ha reconfigurado la zaga colchonera, obligando a mover piezas en el puzle defensivo. Esta situación desplaza a Pubill hacia el carril derecho, su hábitat natural, donde la exigencia física y el recorrido de ida y vuelta van a ser máximos. En un equipo como el de Simeone, la fiabilidad en el costado no se negocia, y este duelo es un examen directo para afianzarse en el once.
Reinventarse o reubicarse no es algo nuevo para él. Pubill ya demostró en el Atlético que tiene techo de jugador importante, capaz de coronarse en lo más alto del fútbol mundial tras brillar a las órdenes del técnico argentino. Sin embargo, el fútbol no vive del pasado reciente y la competencia interna aprieta. Volver al lateral zurdo o asentarse en la derecha exige un nivel de concentración absoluto para no ceder terreno en la rotación habitual.
Un traspaso que salvó cuentas y dejó huella en Orriols
El vínculo entre Pubill y el Levante no se mide solo en lo sentimental, sino también en el impacto real que dejó su marcha. Durante su etapa en el conjunto valenciano disputó 42 encuentros oficiales —11 de ellos en Primera División y 31 en Segunda, donde sumó un gol y una asistencia además de pelear el ‘play-off’ de ascenso—. Su rendimiento sobre el verde fue impecable, pero su traspaso a la UD Almería resultó ser un auténtico salvavidas financiero para la entidad granota.
Aquella operación dejó en las arcas del Ciutat de València cerca de 8,4 millones de euros en total: seis fijos iniciales más un 25% de la posterior venta que el Almería cerró con el Atlético de Madrid. «Mi salida fue lo mejor para las dos partes. Para mí supuso volver a Primera División y para el Levante un ingreso que necesitaba. No obstante, no quería marcharme a cualquier precio», explicaba el zaguero. Una salida limpia, beneficiosa y con la sensación del trabajo bien hecho por ambas partes.
El Levante guardará siempre un gran recuerdo de un futbolista que se dejó todo por la camiseta y que dejó un pellizco económico vital para la viabilidad del club. «Al Levante lo voy a seguir y a querer siempre», confesó en su día. Sin embargo, este sábado no habrá concesiones sobre el césped. Habrá aplausos en el reencuentro, sí, pero en cuanto eche a rodar el balón, Pubill solo pensará en certificar su mejoría y dejar claro que el lateral derecho del Atlético tiene dueño.
Toca comprobar cómo responde el carrilero en un ambiente que conoce al milímetro y bajo la presión de un Atlético que necesita sumar de tres en tres.




















