El fútbol español se levanta hoy con una noticia desoladora de esas que te encogen el pecho. Nos ha dejado Michel Pineda a los 62 años, una edad insultantemente temprana para marcharse. Hablamos de un delantero diferente, un tipo carismático que se convirtió en un icono indiscutible del Espanyol de los ochenta y que más tarde dejó grabado su nombre a fuego en la historia del Racing de Santander.
Pineda llegó a nuestro fútbol en 1984 procedente del Auxerre francés. Por aquel entonces, ver desembarcar a un ariete galo en la Liga no era lo habitual, pero el ariete no tardó en meterse a la grada de Sarrià en el bolsillo. Vistió la camiseta blanquiazul durante seis temporadas, hasta 1990, firmando un total de 51 goles entre Primera y Segunda División. Fue una pieza clave en aquel Espanyol inolvidable de Javier Clemente que rozó el cielo con los dedos en 1988, alcanzando la final de la Copa de la UEFA en una gesta europea que aún eriza la piel a los veteranos del club.
De héroe en Sarrià al capricho del destino en 1993
Yo siempre he pensado que el fútbol tiene un sentido del guion imprevisible y, a veces, desgarrador. Tras cerrar su etapa en la Ciudad Condal, Pineda puso rumbo a Santander para enrolarse en las filas del Racing. Lo que pocos podían imaginar era el desenlace de la temporada 1992-93, un capítulo que resume lo caprichoso que puede llegar a ser este deporte.
Aquel año, el atacante francés se convirtió en el gran héroe de El Sardinero al anotar el gol decisivo que certificaba el ascenso del Racing a Primera División. La paradoja cruel de la historia fue que ese mismo tanto mandaba a Segunda al Espanyol, el club donde se había consagrado como futbolista. Cosas del fútbol: el mismo hombre que hizo vibrar a Sarrià durante años firmaba, cosas del profesionalismo, el descenso del equipo de su vida en España.
El recuerdo de un atacante inolvidable
Más allá de las cifras y los hitos puntuales, Pineda representaba a ese perfil de delantero pundonoroso, fajador y con una conexión especial con la grada. En una época donde el fútbol se jugaba de otra manera, con barro en las botas y defensas que no concedían ni un milímetro, el ariete galo supo ganarse el respeto unánime de rivales y compañeros.
Tanto el espanyolismo como la afición santanderina han reaccionado con profunda tristeza ante su pérdida. En ambos escenarios dejó recuerdos imborrables y goles que forman parte de la memoria sentimental de dos entidades históricas. Hoy el fútbol español llora a uno de sus goleadores más auténticos de finales del siglo pasado.
Toca despedir a Michel Pineda recordando su legado en el césped. Un delantero que dejó huella allá donde jugó y cuyo nombre siempre estará ligado a las páginas doradas de Sarrià y El Sardinero.




















