Volver a la que ha sido tu casa durante trece temporadas nunca es un trámite cualquiera, y si no que se lo digan a José María Giménez. El central uruguayo regresó al Cívitas Metropolitano vistiendo la camiseta del Deportivo de La Coruña en un partido cargado de emociones, reencontrándose con la afición rojiblanca tras su salida al conjunto gallego en el cierre del pasado mercado veraniego.
A pesar del resultado en el verde, donde el Dépor no logró sumar ningún punto frente a un Atlético de Madrid liderado por Julián Álvarez, la figura del charrúa centró todas las miradas. Desde su entrada por el túnel de vestuarios hasta que sonó su nombre en la megafonía del estadio, el cariño de la grada y de sus excompañeros fue unánime. Giménez, visiblemente emocionado pero profesional, dejó claras sus sensaciones ante las cámaras de Movistar LALIGA con una frase que ha dado mucho que hablar: «Bueno, al final esto es fútbol. Yo soy un peón más de la gente que manejan este circo. Mi fin es trabajar, jugar al fútbol y brindarle un espectáculo a la gente. Sin duda, agradecido a todo el amor y el cariño que me brindó el Metropolitano. De corazón, muchas gracias. Los voy a llevar siempre conmigo».
Un peón en el tablero: el trasfondo del mensaje de Giménez
Yo esto lo veo claro: cuando un futbolista de la jerarquía de Giménez, con trece años de jerarquía en el vestuario colchonero a sus espaldas, utiliza la palabra «circo» y se define como un «peón», nos está dejando entrever que su salida hacia Riazor no fue precisamente un camino de rosas. En el fútbol moderno nos hemos acostumbrado a los discursos medidos al milímetro, pero el uruguayo siempre ha sido un tipo visceral, de los que se viste por los pies y dice lo que piensa sin ponerse demasiado filtro.
Irme al apartado puramente emocional en un partido así te puede pasar una factura enorme en el rendimiento sobre el césped. El propio central lo admitió al terminar el choque, reconociendo que intentó aislarse todo lo posible para que la cabeza no le jugara una mala pasada. Su objetivo era ayudar al Deportivo a rascar al menos un punto en un escenario tan exigente, algo que finalmente no se dio, pero su profesionalidad durante los noventa minutos estuvo fuera de toda duda.
Para el Deportivo de La Coruña, contar con la experiencia de un zaguero de su nivel es un salto competitivo tremendo. Tener atrás a un futbolista que ha disputado grandes batallas en la élite le da al conjunto blanquiazul ese poso de veteranía tan necesario cuando las cosas se complican. Giménez sabe perfectamente lo que exige el fútbol al máximo nivel, y esa mentalidad es justo lo que el equipo coruñés necesita para asentar su proyecto esta temporada.
La huella inolvidable de 13 años en la parroquia colchonera
Trece años no se borran de un plumazo por cambiar de camiseta ni por firmar un contrato en las últimas horas de un mercado de fichajes estresante. La ovación cerrada del Metropolitano al escuchar su nombre demuestra que el aficionado al fútbol valora la entrega por encima del escudo que defiendas hoy. En una época donde la lealtad en el deporte parece un concepto en extinción, el respeto mutuo entre Giménez y la grada madrileña se mantiene intacto.
El recibimiento en el túnel de vestuarios por parte del personal del club, cuerpo técnico y jugadores confirmó que el uruguayo dejó amigos de verdad en Madrid. Su sonrisa al cruzar las instalaciones rojiblancas reflejaba la comodidad de quien vuelve a un lugar donde fue feliz y donde se le quiere. Sin embargo, una vez rodó el balón, el chip cambió por completo para centrarse en defender la elástica coruñesa.
A partir de ahora, superado este trago tan cargado de emotividad y nostalgia, a Giménez le toca centrarse al cien por cien en la dinámica del Dépor. Pasar página tras visitar a tu exequipo suele liberar una carga mental importante, algo de lo que el conjunto blanquiazul se va a beneficiar directamente en las próximas jornadas de liga.
Habrá que estar muy atentos a cómo evoluciona el liderazgo del uruguayo en la zaga deportivista durante las próximas semanas. Lo que está claro es que su etapa en Madrid se cerró con elegancia en la grada y con un mensaje contundente en los micrófonos.




















