Este sábado llega lo que yo llamo el primer gran examen del curso en Primera RFEF. El Real Zaragoza se enfrenta al Villarreal B con algo mucho más importante que tres puntos en juego: la batalla directa por el liderato de la categoría. Un choque de trenes en la parte alta de la tabla.
Llegamos a este cruce con ambos conjuntos compartiendo la cima y luciendo la etiqueta de ser los dos equipos más goleadores del campeonato. Sin embargo, lo bonito de este choque no es solo la pelea por el trono, sino la forma radicalmente opuesta que tienen aragoneses y castellonenses de entender el juego sobre el césped.
Dos filosofías en busca del mismo objetivo
Si miramos los datos con lupa, el contraste es fascinante. El Real Zaragoza de Ibai Gómez se ha instalado en el campeonato a través del control absoluto del balón. Es el equipo con más posesión de toda la Primera RFEF y el segundo que más veces busca la portería contraria. Un bloque que encierra a su rival, madura las jugadas y vive instalado en la pasión de una afición que ha vuelto a engancharse al proyecto.
En el otro lado de la mesa está el filial del Villarreal. Los chicos del ‘Submarino’ no necesitan sobautear la pelota para hacerte un roto. Ocupan la decimoquinta posición en posesión y son el séptimo equipo en volumen de remates, pero no les hace falta más: son un auténtico puñal en transición y castigan la menor concesión con una efectividad demoledora.
Yo esto lo veo como un duelo clásico entre el dominio territorial y la pegada pura. En el filial ‘groguet’ hay tres nombres propios que están marcando diferencias y a los que la defensa zaragocista tendrá que atar muy en corto: Joselillo Gaitán poniendo el talento y la visión, Albert García firmado los goles y Nico Baratucci aportando ese carácter y desequilibrio que rompe esquemas.
El retrovisor histórico y la cuenta con el filial
El partido también tiene su carga de nostalgia y cierto aroma a cuentas pendientes. Zaragoza y Villarreal se han visto las caras en 24 ocasiones a lo largo de la historia en partido oficial, aunque la primera plantilla castellonense y los aragoneses no coinciden desde hace ya catorce años. Aquellos años donde la trayectoria de ambos clubes cruzó sus caminos, desde el amargo descenso maño en El Madrigal en 2002 con la famosa imagen del Toro Acuña, pasando por el traspaso de Cani o la marcha de talentos de la cantera aragonesa como Manu Morlanes hacia tierras amarillas.
Pero el rival de este sábado no es el primer equipo, sino su hermano menor. El historial frente al Villarreal B sonríe con claridad al conjunto maño, que se mantiene invicto ante el filial en los cuatro precedentes oficiales disputados, con un balance de tres victorias y un empate. Números que sirven para adornar la previa, pero que poco van a jugar cuando eche a rodar el balón.
Lo que de verdad se juega el Real Zaragoza
Más allá de la tabla, este partido supone una barrera psicológica para el Real Zaragoza. En las últimas temporadas, el equipo solía frenarse en los días marcados en rojo, cuando tocaba dar un golpe sobre la mesa ante un rival directo. Ganar al Villarreal B significaría confirmar que el cambio de mentalidad es real y que la propuesta de Ibai Gómez tiene el cuajo suficiente para sostener un pulso en lo más alto.
Una victoria aragonesa certificaría el liderato en solitario y consolidaría ese estado de optimismo que se respira en la ciudad. Perder o ceder puntos ante un filial tan peligroso obligaría a ajustar piezas y asumir que el camino hacia el objetivo va a exigir una finura defensiva implacable. La moneda está en el aire y la respuesta la tendremos sobre el verde.




















